Un canto

Y eso al cabo qué importa.

Tira de ti hacia arriba, sal de ti.

Alza los ojos, sin pensar en nada.

Ábrelos y mira

toda esa luz que viene del cielo como música.

Respírala con ganas, que hasta el fondo

de tu pulmón sombrío se abra paso.

Si la recibes sin temor y dejas

pasivamente que en tu ser se adentre,

se encenderá tu barro y te irás convirtiendo

tú mismo en luminosa criatura.

La luz de un solo instante, tan poderosa y dulce,

sabe saldar del todo cualquier cuenta

que un ser humano tenga con la vida,

y aún sobraría oro para aquellos

que incrédulos y tristes a mirar se acercaran.

Todo lo puede este fulgor dorado:

borra los daños de mayor alcance,

y hasta los más pequeños

(que son a veces los que más se obstinan).

¿No lo ves? Ya estás limpio. Ha sido fácil.

No hay en tu piel heridas ni turbias cicatrices.

Y eres alguien, al fin, inocente, invencible,

un hombre que está vivo como nunca

y del que brota sin esfuerzo un canto.

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO 

(Este poema aparece como ‘inédito’ en la revista «Cartas de la goleta».

Túnez, septiembre de 2008).

Photo by Dewang Gupta

Gracias a Fuensanta Muñoz por enviarme este bellísimo poema.

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