Tener un buen corazón es la religión universal

Entrevista a Dokushô Villalba, maestro Soto Zen español, escritor, conferencista y traductor. 
Por Maritza Espinoza,
para la Contra del Diario La República, Perú

Publicada el 13 de mayo del 2016

P. Usted es un monje budista que escucha flamenco y cante jondo…

R. Sí, pero ten en cuenta que yo fui andaluz antes que monje (risas). Nací en la cuna del cante jondo, en Utrera, que es una veta de grandes cantaores. Me he criado escuchando eso y lo llevo incorporado… Otra cosa sería que estuviera todos los días en juerga flamenca, que no lo estoy (risas).

P. ¿Nunca? ¿Ni en la juventud?

R. En la juventud, sí, antes de ser monje…

P. Además, ha tenido una juventud movida: de pelos largos y psicodelia…

R. En Sevilla, cuando estudiaba en la universidad, pues eso era bastante común. Era el momento de la psicodelia…

P. Y del destape, ¿no?

R. Sí, allí empezó y, claro, yo estaba participando. Pero primero que la psicodelia, fue la lucha política contra la dictadura y por los derechos humanos, sociales y civiles.

P. ¿Y cómo fue el encuentro con el budismo zen…?

R. Desde siempre he tenido una inclinación mística y espiritual. Me eduqué en un colegio salesiano aunque tenía mucha sensibilidad franciscana. Pasé de la Acción Católica, una organización asistencialista, a la Hermandad Obrera de Acción Católica, formada por cristianos de base de los movimientos sociales.

P. ¿Algo así como, en América Latina, la Teología de la Liberación?

R. Exacto. Y después ya me radicalicé un poco conforme iba creciendo y me pasé más a los partidos de izquierda. Pero me di cuenta de que la lucha social y política era necesaria, pero no suficiente, para transformar al ser humano desde su interior. Y fue así como la lucha política se me quedó corta y entré en una crisis existencial.

P. ¿Y cómo salió de la crisis?

R. Estaba estudiando magisterio. En medio de esa crisis vino un monje budista zen de París a dar una conferencia en la facultad de Filosofía y yo asistí. Me gustó. Él abrió un centro de meditación zen en Sevilla, le ayudé a montarlo y empecé a practicar. La meditación fue, uf, como si me dieran vuelta por dentro, como a un calcetín.

P. ¿Algo rescató de su formación católica?

R. Creo que a lo que he seguido fiel es al mensaje de amor de Jesús el Cristo: el mensaje de igualdad y, de Francisco de Asís, el mensaje ecologista, de amor a todos los seres vivos. Y encontré resonancia muy fuerte en el budismo también, porque el budismo es una vía de despertar que está muy en relación con la naturaleza.

P. ¿Hay alguna diferencia esencial entre las enseñanzas de Cristo y el budismo zen?

R. Está la religión del buen corazón. Tener un buen corazón y la inclinación de hacer el bien y ayudar a los demás es la religión universal. En ese sentido es lo mismo. Pero, en el sentido formal, en la tradición budista no trabajamos con la hipótesis de Dios.

P. Usted ha traducido el Shôbôgenzo y, en la introducción, dice que hay que leerlo desde el no pensamiento. ¿Qué significa eso?

R. Significa que el intelecto tiene sus límites y no puede abarcar toda la experiencia espiritual. Se puede acercar, la puede rodear, la puede intuir, puede elucubrar sobre ella, pero no puede penetrarla, porque la experiencia espiritual por excelencia es transracional. Es algo que sucede más allá de la razón.

P. ¿Cómo se lee un libro sin que sea un ejercicio intelectual?

R. Ahí es donde está la necesidad de la práctica meditativa, que es la que te ayuda a entrar en el estado del no pensamiento. Por ejemplo nos callamos y está el silencio. ¿Vale? El no pensamiento es como el silencio, el pensamiento es como la palabra.

P. ¿O sea que para leerlo hay que tener ya una práctica previa meditativa?

R. Para leerlo, no, pero sí para penetrarlo. Se puede leer y tener una comprensión intelectual, y está bien. Pero para penetrar en la experiencia espiritual es necesario algo más. El maestro Dōgen escribía tanto desde el no pensamiento como desde el pensamiento, y por lo tanto, solo puede ser entendido desde el pensamiento y desde el no pensamiento.

P. Con pensamiento o no pensamiento, si tuviera que extraer una frase de este libro que nos acerque a la felicidad, ¿cuál sería?

R. El ser humano no vive en la naturaleza: es la naturaleza.

LA FICHA

Nació en Utrera (España) hace 59 años. Se educó en un colegio salesiano y estuvo en la lucha contra el franquismo. En medio de una crisis existencial, descubrió el budismo zen. En 1978 fue ordenado monje en París y, al volver a España, fundó la Comunidad Budista Soto Zen. Ahora es el abad-fundador del monasterio zen Luz Serena, donde reside. Estuvo en Lima para dar una serie de conferencias y presentar su traducción del libro Shôbôgenzô, del maestro budista Eihei Dôgen,  una de las mayores obras filosóficas y religiosas de la historia, que ha demorado veinte años en traducir al español.

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