Sobre la necesidad y el deseo

Publico aquí el texto de la conferencia que impartí el 11 de marzo del 2020 en el Salón de Grado de la Facultad de Economía y Empresa, Universidad de Murcia. Fue presentada por el vicedecano Federico Martínez-Carrasco Pleite, la profesora Mª Teresa Vicente y el profesor Eugenio Sánchez Alcázar.

Es un gran honor y una gran oportunidad estar aquí esta tarde compartiendo reflexiones sobre un tema tan crucial en nuestras vidas y en el momento que vive la civilización humana.

Mi reflexión va a girar alrededor de cinco expresiones claves:

  1. Economía de la felicidad,
  2. desarrollo sostenible,
  3. necesidades
  4. deseos
  5. simplicidad voluntaria

y las interrelaciones existentes entre ellos.

Comencemos por la economía de la felicidad.

Como sabéis, el término “economía” procede del griego oîkos ‘casa’ y némein ‘distribuir’ o ‘administrar’; 

La economía sería pues la administración eficaz y razonable de los bienes de la casa que se comparte.

Al hablar de Economía Mundial, la casa compartida es el Planeta Tierra, nuestra casa común.

El DRAE define la economía como “la Ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos”.

En esta definición aparecen de los términos claves: necesidades humanas materiales y bienes escasos.

La economía de la felicidad sería pues aquella que consigue satisfacer las necesidades materiales de todos los seres humanos usando los bienes escasos de una manera sostenible.

Ahora hagámonos una pregunta: ¿Es esta la economía que encontramos en el mundo actual?

Si somos honestos, la respuesta no puede ser otra que NO.

¿Por qué no?

1º. Porque no se están satisfaciendo las necesidades materiales básicas de todos los seres humanos que habitamos el planeta.

2º. Porque se da una sangrante injusticia y falta de equidad en el uso de los bienes escasos.

3º. Porque se da una irresponsable falta de solidaridad con las generaciones siguientes, abusando de una forma no sostenible de los bienes actuales.

¿Por qué sucede esto? Porque lo que se aplica actualmente no es una economía de la felicidad, sino de la depredación:

  1. Una economía del enriquecimiento de unos pocos (acumulación abusiva de bienes en pocas manos), injusta e insolidaria en la generación actual e insolidaria con la generaciones siguientes.
  2. Una economía de sobre producción inútil e hiperconsumo insensato.
  3. Una economía insostenible de “tierra quemada”, de sobre explotación de los bienes que no tiene en cuenta su escasez y el tiempo necesario para la regeneración de los recursos.

Somos muchos los que ya somos conscientes de esta situación. La Agenda 2030 de la ONU y otras muchas iniciativas a nivel internacional, nacional y local inspiradas en ella, como la CRUE o la Vicepresidencia de la Agenda 2030 del gobierno español, señalan estos problemas, indican posibles soluciones y están comprometidas con la transformación.

Por mi parte, como sacerdote budista que hace del estudio y de la práctica de las enseñanzas zen una forma de contribuir al bienestar y a la felicidad de los seres humanos, me gustaría presentar lo que para mi constituye una de las causas principales de esta situación.

  1. Por un lado, se trata de una confusión o de un error cognitivo de gran parte de la humanidad actual, que no es otro que el de confundir necesidades con deseos.
  2. Y por otro lado, la utilización, la explotación y la estimulación perversa de esta confusión por parte de unos pocos, que buscan el propio provecho personal y/o corporativo.

Abordemos primero las necesidades.
Si la economía de la felicidad es la ciencia que pretende satisfacer las necesidades materiales de todos los seres humanos, debemos tener muy claros cuáles son esas necesidades.

«Una necesidad es aquello a lo cual es imposible sustraerse, y cuya carencia pone en peligro la conservación de la vida misma». (DRAE).

El psicólogo humanista Abraham Maslow sitúa las necesidades básicas, o fisiológicas, en la base de su Pirámide de Necesidades Humanas. Estas son:

  1. Necesidad de oxígeno o aire limpio.
  2. Necesidad de agua en buen estado de salubridad.
  3. Necesidad de alimentos y de nutrientes (proteínas, sal, azúcar, calcio y otros minerales, vitamina, etc.)
  4. Necesidad de mantener el equilibrio del pH,
  5. Necesidad de temperatura adecuada.
  6. Necesidad de sueño suficiente.
  7. Necesidad de descanso.
  8. Necesidad de eliminar los residuos.
  9. Necesidad de protección del frío y del calor.
  10. Necesidad de evitar el dolor innecesario.
  11. Necesidad sexual.

¿Está la economía actual enfocada en la satisfacción de estas necesidades para todos los seres humanos que habitamos el Planeta? Es obvio que la respuesta es NO.

Pero lo que es más grave: ¿tenemos claro la mayoría de los seres humanos que nuestra prioridad básica debe ser la satisfacción de esta necesidades? Sorprende mucho darse cuenta de que NO, de que no lo tenemos claro.

¿Por qué no lo tenemos claro? Porque confundimos necesidad con deseo y, víctimas de la manipulación, perseguimos más la satisfacción de deseos ficticios que la satisfacción de las necesidades reales.

¿Qué es un deseo?
El DRAE lo define como “movimiento afectivo hacia algo que se apetece”. Apetece es la clave. Apetecer no es lo mismo que necesitar. “Apetecer” es “tener ganas de algo que gusta o agrada”., mientras que necesitar es “tener necesidad de algo” imprescindible para el mantenimiento de la propia vida.

No hay nada erróneo en el deseo. La fuerza del deseo, cuando está puesta al servicio de la satisfacción de las necesidades, es la fuerza de la vida. Todos hemos nacido del deseo: del deseo de nuestros padres. La llama del deseo es el fuego que sostiene la vida pero, como el fuego físico, debemos aprender a domesticarlo.

La domesticación del fuego.

En el proceso de aprender a domesticar el fuego del deseo tendríamos, en primer lugar, que aprender a discernir entre “deseo sano” y deseo insano”.

El deseo sano es la forma que adopta la necesidad en cada cultura, en cada época. Aunque las necesidades humanas básicas o fisiológica son las mismas en toda época, cultura y geografía del Planeta, las formas que adoptan en cada circunstancia son diferentes. Estas formas serían los deseos sanos.
Ejemplos:

  1. Aunque todos necesitamos oxígeno o aire limpio, unos prefieren el aire del mar, otros el de las montañas, otros el de los campos, los bosques, etc.
  2. Aunque todos necesitamos agua en buen estado de salubridad, unos la prefieren con gas y otros sin gas.
  3. Aunque todos necesitamos alimentos y nutrientes, los gustos culinarios varían mucho de una cultura a otra y de una persona a otra.
  4. Aunque todos necesitamos una temperatura adecuada, unos prefieren vivir en ciudades de clima cálido, y otros prefieren climas más frescos y abrigarse más. Todos necesitamos cubrir nuestros cuerpos con ropa, pero el gusto de vestir de cada uno es diferente.
  5. Todos necesitamos el sueño suficiente, pero unos prefieren dormir 8 horas seguidas, otros reparten las horas de sueño durante el día, siesta.
  6. Aunque todos necesitamos descanso, unos descansan de una forma y otro de otra.
  7. Aunque todos tenemos necesidades sexuales, unos la satisfacen de una forma y otros de otra, unos tienen unos gustos y preferencias y otros otras.

La característica de los deseos sanos es que están al servicio de la satisfacción de las necesidades y, por lo tanto, de la supervivencia.

Ese no es el caso de los deseos insanos. Estos:

  • o bien no están al servicio de la satisfacción de las necesidades. Por ejemplo, podemos llegar a desear algo que es incluso contrario a la supervivencia, por ejemplo, las adicciones, las atracciones fatales, los deseos obsesivos.
  • o bien, satisfacen las necesidades de una forma no justa ni sostenible. Por ejemplo, usar la calefacción en invierno para mantener el calor del cuerpo prescindiendo de ropa de abrigo. O, por ejemplo, usar muchos más recursos de los necesarios para satisfacer una necesidad: la avaricia, la gula, la avidez respecto a los alimentos, por ejemplo.

¿Tiene el Planeta recursos naturales suficientes para satisfacer las necesidades de todos los seres humanos de forma sostenible?

Si reflexionamos atentamente podremos darnos cuenta de que los deseo insanos de los seres humanos son la causa principal de la injusticia social y medioambiental, del desastre ecológico, de gran parte de los conflictos internacionales y, por supuesto, de la no sostenibilidad de nuestro sistema de vida actual.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Acaso los seres humanos nos hemos convertido en unos animales estúpidos que ya no saben ni siquiera lo que necesitan realmente?

Pues desgraciadamente sí. Esa es justo nuestra situación: no sabemos discernir entre necesidades reales y deseos insanos.
Pero esta situación global no ha surgido por azar, espontáneamente, sino que constituye la manifestación de una de las grandes perversiones del sistema económico y social actual.

Me explico: el sistema económico actual no tiene como fin último la administración sostenible de los recursos para la satisfacción de las necesidades reales de todos los seres humanos, sino la generación de riqueza (capital) para los propietarios -una inmensa minoría- del sistema de producción-consumo. Esta maquinaria se basa en la obtención de beneficios (capital) procedentes de la producción de bienes y procedentes del consumo de esos bienes producidos.

Los Diez mandamientos de la Religión del Mercado

Primer Mandamientos: El máximo beneficio económico (capital, objetos materiales, servicios, riqueza material) es el paraíso en la Tierra.

Segundo Mandamiento: La economía de mercado es el orden natural del mundo, la verdad objetiva, la realidad suprema.

Tercer Mandamiento: La vida humana es tiempo de trabajo, capacidad productiva. Eres lo que produces y lo que consumes. El trabajo está regido por la oferta y la demanda, un simple coste en los intercambios económicos. No hay que trabajar para vivir, hay que vivir para trabajar.

Cuarto Mandamiento: La naturaleza no es más que una reserva de recursos necesarios para el proceso de producción o una masa de tierra con la que especular. La naturaleza no es más que un conjunto de objetos inertes cuya única utilidad es ser explotados hasta la extinción.

Quinto Mandamiento: El patrimonio social, cultural y espiritual es capital fungible que puede ser comprado o vendido como cualquier otro producto.

Sexto Mandamiento: El valor de las cosas sólo está representado por el precio, por el PIB y por su valor de mercado.

Séptimo Mandamiento: El individuo productor-consumidor es la unidad básica en la economía de mercado. Su función es la de producir y consumir.

Octavo Mandamiento: Debes creer en el crecimiento económico ilimitado. En el futuro se producirán más y mejores bienes materiales y se podrá consumir más y acumular más beneficios.

Noveno Mandamiento: La felicidad consiste en consumir cada más más bienes. Para ello debes tener poder adquisitivo. Para conseguir poder adquisitivo debes vender tu tiempo de vida a cambio e insertarte en la maquinaria productiva. Esta es ña máxima felicidad en la tierra.

Décimo mandamiento: Sólo vence el más fuerte. La competitividad es la regla de oro. Principios éticos tales como compasión, altruismo, solidaridad, generosidad deben ser considerados supersticiones del pasado.

 Cuanto más producción, más ganancia (si hay demanda, y si no la hay, se crea artificialmente).
 Cuanto más consumo, más ganancia.

No importa qué es lo que se produce, si genera ganancias (capital)
No importa qué es lo que se consume, y cuánto, si genera ganancias (capital).

El propósito último de este sistema no es el de satisfacer las necesidades reales de la mayoría, sino la acumulación de capital por una minoría.

¿Cuál es el combustible fundamental que hace que esta maquinaria siga funcionando? El deseo humano, o mejor dicho, el deseo insano de los seres humanos:

  • Por un lado, el deseo insano de la minoría de propietarios de los medios de producción-consumo para seguir acumulando capital, poder, influencia, etc.
  • Por otro lado, el deseo insano inoculado en los seres humanos a través de la publicidad con el fin de que el consumo no se detenga.

Usando una imagen cruda, somos como pollos en granjas a los que se ha inoculado el virus del deseo insano. Nos mantienen continuamente salivando por satisfacciones ilusorias que ni siquiera consiguen satisfacer nuestras necesidades reales. Y esta salivación, este estado de deseo perpetuo, es la sangre que hace funcionar el sistema.

Si no tomamos conciencia de esto, si no transformamos individualmente nuestros hábitos en nuestra vida cotidiana concreta, si no volvemos a preguntarnos ¿qué es lo que realmente necesito?, si no nos purgamos de los deseos insanos que el sistema nos está inoculando continuamente, los planteamientos globales que aspiran a transformar la estructura del sistema serán poco eficaces.

¡Justo lo necesario! puede ser la expresión catalizadora de una nueva forma de usar los recursos naturales.

¡Justo lo necesario! quiere decir ni más ni menos de lo que necesito.

La huella ecológica

Todos habéis oído hablar y conocéis seguramente el principio de la huella ecológica.

La huella ecológica (del inglés ecological-footprint) es un indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta, relacionándola con la capacidad ecológica de la Tierra de regenerar sus recursos.

Desde un punto de vista global, se ha estimado en 1,8 ha2​ la biocapacidad del planeta por cada habitante, o lo que es lo mismo, si tuviéramos que repartir el terreno productivo de la tierra en partes iguales, a cada uno de los más de seis mil millones de habitantes en el planeta, les corresponderían 1,8 hectáreas para satisfacer todas sus necesidades durante un año. Con los datos de 2005, el consumo medio por habitante y año es de 2,7 hectáreas, por lo que, a nivel global, estamos consumiendo más recursos y generando más residuos de los que el planeta puede generar y admitir.

Pero no todos los países consumen lo mismo: mientras que unos tienen una huella ecológica muy por encima de la media, otro no llegan siquiera a consumir la media necesaria para la satisfacción de las necesidades básicas de la población. Según el Informe Planeta Vivo 2018 de WWF:

  • Algunos países como EEUU, Canadá, Emiratos Árabes, Catar, Kuwait, Dinamarca consumen más de 7 HA por habitante.
  • Otro como Arabia Saudita, Oman, Rusia, Finlandia, Suecia, Noruega, República Checa, Austria, Bélgica, Holanda, Australia, consumen entre 5,25 y 7 Ha por habitante.
  • España, Francia, Italia, Gran Bretaña, Polonia, China, Japón, Chile, Argentina consumimos entre 3,5 y 5,25 Ha por habitante.
  • Gran parte de América del Sur, México, Europa del Este, Irán, Irak, consumen entre 1,75 y 3,5 Ha por habitante.
  • Gran parte de Africa, India, el Sudeste Asiático no llegan a 1,75 Ha por habitante.

Según los datos del 2005 del Global Footprint Network:

Lo que esto quiere decir es que:

  • El 15 % (países de ingresos altos) consumen el 355,5 % de la capacidad del planeta, un 255,5 % más de lo que les corresponde. 3,5 planetas.
  • El 47,8 % (países de ingresos medios) consumen el 122,2 % de la capacidad del planeta, un 22,2 % más de lo que les corresponde. 1,2 planetas.
  • El 36 % (países de ingresos bajos) consumen el 55,5 % de la capacidad del planeta, un 44,5 menos de lo que les corresponde.

Y estos son datos del 2005. Desde entonces, la voracidad general y la desigualdad no han hecho más que crecer.

Dado que el Planeta Tierra es un ecosistema finito y limitado, el sobreconsumo de unos implica necesariamente el infraconsumo de otros = injusticia.

Una nueva cultura del deseo

En la base de este desequilibrio se encuentra la voracidad humana. Los deseos insanos de los seres humanos, son el fuego que está devastando la vida en el Planeta, el incendio que está destruyendo no solo los ecosistemas sino la civilización humana misma.

Este incendio planetario está alimentado por el fuego de los deseos insanos que arden en cada uno de nosotros. Por ello, además de las iniciativas globales, gubernamentales, institucionales necesarias para revertir esta situación, tenemos que hacer frente al imprescindible compromiso individual de apaciguar este fuego en nuestro propio interior y adoptar un modelo de vida basado en la simplicidad voluntaria, en el decrecimiento y, en definitiva, en el principio de ¡Justo lo necesario!

Tenemos que aprender a discernir entre necesidades reales-deseos sanos y deseos insanos, esto es, perjudiciales para nosotros, para nuestros semejantes y para el planeta en su conjunto.

Final

Momentos antes de su muerte, el Buddha Shakyamuni fundador histórico de Budismo, impartió su ultima enseñanza conocida como Los ocho principios de vida de los Grandes Seres.

El primero de ellos es “tener pocos deseos”. En palabras de Buddha:

«Aquellos que tienen muchos deseos buscan ávidamente la fama y la riqueza y, por lo tanto, sufren enormemente. Por el contrario, aquellos que tienen pocos deseos viven libres del sufrimiento y acumulan muchos méritos y virtudes. Es importante saber esto. Los que tienen pocos deseos no necesitan ganarse el favor de los demás ni están esclavizados por los órganos de los sentidos. Viven con mente serena y sin preocupaciones, ya que están satisfechos con lo que tienen y no sufren de carencia alguna. Así es como, finalmente, experimentan la paz y el gozo”.

Pero esta no es una sabiduría de vida exclusiva del budismo. San Agustín de Hipona dijo:

“Pobre no es quien tiene menos, sino quien necesita siempre más para ser feliz”.

O nuestro refranero popular:

“No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita”.

Esta sabiduría nos dice que menos es más, que debemos dejar de correr detrás de las satisfacciones efímeras e ilusorias que proporcionan los deseos insanos y atender más el contentamiento y la dicha profundos que surgen de la satisfacción de nuestras necesidades reales.

Esto es ‘simplicidad voluntaria’, ‘decrecimiento’ y ‘¡justo lo necesario!’

Dokushô Villalba
11 de marzo 2020

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