Sobre Kodo Sawaki

Hoy se cumplen 52 años de la muerte de Kodo Sawaki, ocurrida el 21 de diciembre de 1965 a las 13.50 h.
Kodo Sawaki (1880-1965) fue el maestro de Dharma de Shuyu Narita Roshi y de Kosho Uchiyama Roshi, así como maestro de ordenación monástica de Taisen Deshimaru.
Con motivo de este aniversario, publico aquí dos artículos biográficos.
La ilustración de Kodo Sawaki en zazen es una creación de Gustavo Vilchez para la CBSZ.

 

Sobre Kodo Sawaki [1]

por Shuyu Narita Roshi (*)

Voy a hablaros de mi maestro Kodo Sawaki Roshi. Murió en el año showa gonen, es decir, 1965. Fue un gran maestro para su época y, sin embargo, sólo hizo cuatro años de escuela primaria. A pesar de sus escasos estudios fue un gran maestro que dejó su nombre en la historia del Zen moderno.

Yo fui el primer discípulo a quien transmitió el Dharma. No es que esto indique ningún tipo de superioridad, se trata tan sólo de un hecho cronológico. También tuvo como discípulo al maestro Uchiyama[2], quien aún sigue enseñando y a quien respeto mucho[3]. El maestro Yokoyama Sôdô[4], su tercer sucesor en el Dharma, también tiene algo especial. Yokoyama Roshi era aficionado a un tipo de música que se producía soplando y haciendo vibrar una hoja de árbol. Yokoyama Roshi se sentaba en las plazas de los mercados y se pasaba así mucho tiempo haciendo esta música en lugar de hacer simplemente takuhatsu[5], ya que para él esta música era un acto religioso.

A Kodo Sawaki le impresionaba mucho ver a la gente pasar delante de Yokoyama sentado en zazen. La gente decía: “¡Mirad, es un Buda viviente! Parece que se mueve un poco. ¡Respira!”

Yo he dejado el templo Todenji[6] a mi hijo[7]. Mil familias sostienen la vida del templo[8] y el templo sostiene la vida de las familias en las diversas circunstancias de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte[9].

No sé cómo funcionan los templos zen en Europa. En estos días he visitado un monasterio de Clarisas Franciscanas. Me ha gustado mucho su iglesia. Pero las iglesias no son como los dojos[10] zen a los que la gente acude para meditar. Las familias japonesas no van a los templos zen para meditar, sino para buscar consuelo y para que los sacerdotes zen nos ocupemos de ayudarlas en las situaciones difíciles de la vida y de la muerte en las que el ser humano se encuentra con su dimensión religiosa. He desempeñado esta función durante cincuenta años y ahora me he jubilado y he dejado que mi hijo continúe como abad del templo.

Kodo Sawaki no tenía templo. Nunca estuvo casado. No tuvo templo, ni dinero, ni mujer, ni posición social, ni reputación ni siquiera satori. Así es como se definía a sí mismo. Kodo Sawaki no estaba dentro de la norma según el modelo clerical japonés. Sólo cursó cuatro años de escuela primaria. No estaba casado ya que solía decir que ¡nunca se le presentó la oportunidad! En cierta ocasión le pedí consejo sobre la conveniencia de que yo me casara o no y me dijo que podía casarme, que eso no perjudicaba mi práctica de zazen. Me casé y tuve un único hijo.

En Japón casi nadie me comprende. En Europa menos aún. Lo mismo le sucedía a Kodo Sawaki. Tuvo muchas invitaciones para enseñar fuera de Japón, pero nunca las aceptó ya que pensaba que nadie le comprendería en el extranjero. Ahora estoy aquí, en París. Este viaje estaba previsto desde hace un año. Quedé con vosotros en que volvería en julio y aquí estoy de nuevo. Mi vida existe allí donde me encuentro.

Kodo Sawaki era muy puntual. En cierta ocasión llegó un día antes de que comenzara la jornada de zazen. Nosotros le esperábamos para el día siguiente. Se sintió compungido y me gritó: “¡Narita!, ¿estás ahí?”. Como no le esperábamos no fui a buscarle a la estación y él se vino caminando hasta mi templo. Y a pesar del contratiempo, su rostro era amable y dulce. Le pedí encarecidamente que me disculpara.

También le llamaban Yadonashi[11] Kodo. Su vía era la del vagabundo, sin reputación, sin familia, sin mujer, sin dinero. Siempre llevaba con él los diez yenes necesarios para su entierro. Sea donde fuera que se encontrara en el momento de su muerte, no quería ser una carga para nadie. Así era su vida.

(*) Extracto del prólogo de “El Zen es la mayor patraña de todos los tiempos”, de Kodo Sawaki. Editado por la Comunidad Budista Soto Zen.

Notas biográficas sobre Kodo Sawaki

recopiladas por varios autores

Kōdō Sawaki (en japonés: 澤木興道, Sawaki Kōdō) (1880-1965) está considerado como uno de los maestros Zen japoneses más importante del siglo XX.

Nació en 1880 en la Prefectura de Mie y creció en un entorno extraordinariamente pobre y difícil. Japón atravesaba un proceso de reforma política y la nueva nación todavía carecía de una base estable. Durante aquella época incierta, cuando sólo tenía 4 años de edad, falleció su madre, y a los 7 años también murió su padre repentinamente. Los cuatro hermanos y hermanas fueron repartidos entre diferentes parientes o se hicieron sirvientes. Sawaki Roshi, que de niño se llamaba Saikichi, fue a parar a la casa de su tío, pero este también murió 6 meses después, así que Sawaki fue de nuevo adoptado por Sawaki Bunkichi, quien oficialmente llevaba un negocio de farolillos de papel en la ciudad de Isshinden, pero que en realidad se ganaba la vida con el juego.

Allí fue donde Saikichi pasó sus 4 años de escuela primaria. Como empezó tarde, no terminó la escuela hasta los 12 años. Trabajaba haciendo recados para sus padres adoptivos. Vivía en el entorno del mundo del juego pues vendía tortas de arroz en los casinos y cuidaba las sandalias de los invitados. En una ocasión fue testigo de cómo un hombre de unos 50 años, que había comprado los servicios de una prostituta de 18 años, moría de un ataque al corazón, y cómo su mujer exclamaba a la mañana siguiente: “¡incluso muerto me tiene que poner las cosas tan difíciles – y en un lugar así!”

Ya desde niño, Saikichi conocía bien la trastienda de este nuestro mundo tan complicado. Poco después de terminar la escuela primaria, surgió una terrible pelea entre unos setenta gángters que se disputaban sus territorios. Su padrastro era el encargado de mediar en la disputa pero el miedo le impidió llevar a cabo su misión y fue el mismo Saikichi quien, bajo la intensa lluvia y en mitad de la noche, atravesó el sangriento campo de batalla y logró alcanzar a los malhechores que habían huido y se encontraban a 10 kilómetros de distancia. Desde aquella noche, su padrastro comenzó a temerle y dejó de pegarle.

A pesar de crecer en tal entorno, Sawaki Roshi tuvo otros modelos de conducta, como la familia Morita, que a duras penas conseguía sobrevivir en un viejo almacén. El padre reparaba pergaminos de caligrafía, y el hijo estudiaba pintura tradicional japonesa. Saikichi se sentía atraído por esta familia que, a pesar de vivir en la extrema pobreza, conservaba algo muy puro.

Así que comenzó a frecuentar la casa de los Morita. Estudió historia y literatura antigua japonesa y china con el padre de la familia. Y además de esto, aprendió la gran verdad de que en la vida hay cosas más importantes que el dinero, el estatus o la fama. Al cabo de los años, el mismo Sawaki Roshi decía que aquella fue la semilla que más tarde daría fruto a su vida.

Al acabar la escuela, Saikichi se hizo cargo del negocio de los farolillos de papel, manteniendo así a sus hedonistas padres adoptivos (su madrastra había sido prostituta). Sin embargo, comenzaba a vislumbrar una nueva vida. Se preguntaba si aquella vida estaba bien, si lo próximo era casarse y trabajar para mantener una familia. En medio de esta confusión su mente claramente anhelaba la vía.

La primera vez que se escapó de la casa de sus padres adoptivos se fue con un conocido a Osaka, pero al poco tiempo, le encontraron y le llevaron de vuelta. Por eso decidió que la próxima vez se iría tan lejos que nadie sería capaz de encontrarle nunca.

A la edad de 16 años, con 3 kilos de arroz a la espalda y 27 yenes en el bolsillo, partió guiado por la luz de un único farolillo hacia el templo de Eiheiji en Echizen, masticando el arroz crudo durante el largo viaje. En Eiheiji no quisieron ser partícipes de su escapada y le negaron la entrada. Pasó dos días y dos noches a las puertas del templo con la esperanza de que oyeran su súplica: “Por favor, ordénenme monje o déjenme morir a las puertas de Eiheiji”. Finalmente fue aceptado como ayudante en el taller. Más tarde trabajó en Ryuunji, el templo de uno de los sacerdotes principales de Eiheiji.

En cierta ocasión, durante un día libre, decidió hacer zazen en su habitación. Por casualidad entró una mujer que ayudaba en las labores del templo y se inclinó respetuosamente hacia él como si fuera el mismísimo Buda. Lo cierto era que aquella mujer siempre le estaba mansurreando, tratándole como si fuera el chico de los recados. ¿Qué fue lo que la impulsó a inclinarse ante él con tantísimo respeto? Por primera vez, Sawaki Roshi comprendió la enorme dignidad y nobleza inherentes a la postura de zazen y decidió hacer zazen el resto de su vida. Ya de mayor, Sawaki Roshi solía decir que había estado perdiendo el tiempo toda su vida con zazen. Aquel incidente supuso el punto de partida de su forma de vida.

Diversas circunstancias hicieron que su deseo de ser monje le fuera finalmente concedido y fue ordenado en Soshinji, en Kyushu. A los 19 años, entró en Entsuji, Tanba, como monje Zen ambulante, unsui, aunque tan solo permaneció en el lugar un par de semanas. Desde allí fue enviado a otro templo donde conoció a Fueoka Ryoun Roshi, a quien decidió seguir debido al gran entendimiento entre ambos. Fueoka Roshi había estudiado durante años con Nishiari Bokuzan Zenji, un gran maestro de la Era Meiji (1868 – 1912), y cuanto más tiempo pasaban juntos, más le atraía a Sawaki su carácter franco y directo. Las charlas de Fueoka Roshi sobre el Gakudoyojinhu, el Eiheishingi y el Zazenyokinki, fueron la base de su práctica de shikantaza posterior.

En aquella época, 1904, estalló la guerra ruso-japonesa y Sawaki fue llamado a filas, donde fue condecorado con la medalla de plata.

En 1906, a los 26 años, volvió a Japón. Después de la guerra – ya bastante tarde para su edad – entró en la Academia de Estudios Budistas en su ciudad natal y, posteriormente en el seminario de Horyuji, en la Prefectura de Nara, donde estudió la filosofía Yogacara con el abad Saeki Join Sojo.

A la edad de 34 años, y ya con cierta perspectiva de las enseñanzas budistas, comenzó a practicar zazen en solitario desde la mañana hasta la noche, en Jofukuji, un templo abandonado en Nara. Fue allí donde shikantaza caló hasta lo más hondo de su ser, de su carne y sangre.

En 1912 se convirtió en el primer asistente de dojo, tantô, del templo Yôsen-ji.

En 1916, cuando tenía 36 años, Oka Sotan Roshi, le nombró maestro de los monjes de Daijiji, Higo. Tras la muerte de Oka Roshi, Sawaki vivió solo en la Montaña de Mannichi, Kumamoto, y tomando este lugar como base, comenzó a viajar por todo Japón enseñando zazen y dando charlas.

En 1935, a los 55 años, fue nombrado profesor de la Universidad de Komazawa. Al mismo tiempo se hizo godo (educador principal) de Sojiji, uno de los dos templos principales de la Escuela Soto. Fue allí donde comenzó el periodo de mayor actividad de Sawaki Roshi y fue en esta época cuando Yasuo Deshimaru se hizo discípulo suyo.

En aquella época en la cual el Zen estaba prácticamente reducido al koan de la Escuela Rinzai, Sawaki Roshi se entregó enteramente a shikantaza tal y como lo enseñó Dogen Zenji.

Teniendo en cuenta la historia del budismo japonés, cabe resaltar que fue Sawaki Roshi el primer maestro de nuestra era que reintrodujo shikantaza en su forma más pura, haciendo renacer esta práctica, que pasó a adquirir el mismo valor que el koan.

La segunda guerra mundial le sorprendió siendo abad de un gran templo en la montaña, el Tengyô Zen-en.

Su celebridad en Japón aumentó mucho después de la guerra. Se organizaron múltiples sesshin en diversos lugares. Enseñaba tanto a laicos como a monjes, daba conferencias tanto en las universidades como en las prisiones y participó en la fundación de numerosos centros de práctica.

Kodo Sawaki trajo un soplo de aire freso al Zen moribundo de aquella época, reintroduciendo la práctica de shikantza. Durante todo este periodo Taisen Deshimaru fue uno de sus seguidores más fieles.

Al no vivir nunca en un mismo templo ni escribir ningún libro, la gente comenzó a llamarle “Kodo, el errante”. En 1963 sus piernas perdieron la fuerza necesaria y tuvo que renunciar a viajar. Se retiró al templo Antaiji donde murió en 1965 a la edad de 85 años.

Desde su lecho, pasaba largo tiempo observando al monte Takagamine. Tres días antes de su muerte dijo a una monja:

“¡Mira! La naturaleza es magnífica. Comprendo los problemas de los hombres. Nunca, en toda mi vida, he conocido una persona a la que hubiese podido someterme y a la que hubiese podido admirar.  Pero este monte Takagamine me mira siempre desde lo alto, diciendo: ‘Kôdô, Kôdô.‘”

Estas fueron sus últimas palabras.

NOTAS:

[1] Este texto es parte de la transcripción de una charla dada por el maestro Shuyu Narita Roshi en el Kachuren Dojo, de Paris, en 1996. Fue grabada y transcrita por una de sus discípulas y sucesoras, Evelyne Fukusen Holzapfel. Ha sido traducido del francés por Dokushô Villalba, el 4 de Febrero del 2012.
[2] Koshô Uchiyama Kosho Uchiyama (1912-1998) fue un sacerdote Soto, maestro de origami y Abad del templo Antaiji cerca de Kioto, autor de más de veinte libros sobre budismo Zen y origami. Uchiyama se graduó en la Universidad de Waseda con una Maestría en filosofía occidental en 1937 y fue ordenado sacerdote en 1941 por Kodo Sawaki. A lo largo de su vida, convivió con la tuberculosis. Se convirtió en abad de Antaiji tras la muerte de Sawaki, en 1965, hasta que se retiró en 1975 en Nokei, también cerca de Kioto, donde vivió con su esposa. Tras la muerte de su maestro dirigió un día cuarenta y nueve sesshin en memoria de su maestro.

Kodo Sawaki asistido por Kosho Uchiyama, Antaiji, poco tiempo antes del fallecimiento del maestro.

[3] Kosho Uchiyama Roshi falleció el 13 de Marzo del 1998. Estas palabras de Narita Roshi son de 1996, cuando Uchiayama Roshi seguía vivo.

[4] Sodô Yokoyama (1907-1980) fue uno de esos monjes que hicieron viva la expresión zen “borrar las huellas”. Yokoyama recibió la ordenación de monje de Kôdô Sawaki, quien le dio el nombre de Sodô, “la vía de los patriarcas”, una expresión de Dôgen (1200-1253). En su juventud, una frase del Shôbôgenzô Zuimonki, –una compilación de dichos de Dôgen–, determinó su compromiso con la práctica del zen: “Pasar el tiempo sentado derecho sin obtener nada ni despertar no es otra cosa que la vía de los patriarcas”. Y se entregó totalmente a la práctica de la meditación.
En 1958, después de haber pasado más de ocho años en el templo Antaiji en Kioto y haber recibido la transmisión del Dharma de Sawaki, Sodô volvió a Komoro, su ciudad natal, en los Alpes japoneses. Cada día, hasta su muerte, se dirigía al parque municipal de Kaikoen contentándose con meditar, componer poemas japoneses (waka) y tocar música para los niños y los viandantes soplando en una simple hoja –los habituales del parque le dieron rápidamente el apodo de Kusafue rôshi, “maestro zen flauta de hierba”–.
Año tras año, el parque se convirtió en su casa, su ermita. “Pasar el tiempo sentado derecho sin obtener nada ni despertarse, eso no es otra cosa que la vía de los patriarcas”. Sodô Yokoyama ha dejado pocos escritos, excepto una obra póstuma titulada Waga tatsu soma, “El bosque en el que permanezco” (Tokio, Kioin Publishing Company, 1982).
[5] Takuhatsu es la mendicidad ritual que practican los monjes zen japoneses como medio de sustento y como práctica religiosa.
[6] Se trata del templo Todenji “Templo Zen de la Transmisión al Este”, situado en lidagawa machi, prefectura de Akita, en el norte de Japón, del que Narita Roshi fue el 28º Abad.
[7] Siguiendo la costumbre moderna en Japón, el hijo mayor del abad del templo se forma como sacerdote zen y termina por heredar la abadía del templo de su padre cuando éste se jubila.
[8] Actualmente, la mayoría de los templos soto zen japoneses son sostenidos económicamente por las familias adscritas a ellos, llamadas danka (benefactor) en japonés.
[9] Los sacerdotes de los templos son consejeros espirituales de las familias adscritas al templo y ofician ceremonias de nacimiento, bendición de hogares, de comercios y negocios, así como las honras fúnebres.
[10] Dojo, lit. “lugar de la Vía”, son los centros donde se practica la meditación zen, zazen.
[11] Yadonashi, lit. “sin techo”.

 

Kodo Sawaki, Shuyu Narita, Taisen Deshimaru, Dokushô Villalba.

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