Sexo, drogas y Zen

Entrevista de Luigi Landeira para la revista Bostezo, publicada en el número de verano del 2012.

Un maestro zen español y, para más inri, andaluz es algo tan curioso, bizarro y revolucionario como un torero nipón. Pero, por increíble que parezca, lo cierto es que Francisco Dokushô Villalba (Utrera, Sevilla, 1956) recibió la ordenación de monje del legendario maestro Taisen Deshimaru (con quien estudió en París) y completó su formación en Japón, de la mano de Shuyu Narita Roshi, que le otorgó la transmisión del Dharma. Y si a eso añadimos que Dokushô Villalba ha militado en la contracultura, ha escrito o traducido una montaña de libros y ha experimentado con enteógenos, su singularidad adquiere ya dimensiones cósmicas. Para rizar el rizo, charlamos con este líder espiritual acerca de cuestiones tan complicadas como el sexo, el amor, las relaciones de pareja, la decadencia del arte, la crisis del mundo moderno o los estados alterados de conciencia, en una larga y fascinante entrevista que tuvo lugar en el corazón del templo Luz Serena (Casas del Río, Valencia), donde Dokushô Villalba vive desde 1989 con una pequeña comunidad de discípulos a los que enseña a meditar y a seguir la Vía del Zen.

¿Para qué sirve el zen?

El Zen no sirve para nada. No es una herramienta, ni una filosofía, ni una ideología: es una actitud ante la vida. Más que el resultado de cualquier acción, lo importante en el Zen es la acción misma, cómo se realiza, es decir, el instante presente, que no está en función del instante futuro sino que es una totalidad en sí mismo. O sea, que el Zen es una vía que, a través de la meditación, nos enseña a vivir más presentes en el instante presente.

¿Y qué te parece el uso y abuso de la palabra “zen” para bautizar todo tipo de artículos de consumo, técnicas laborales y demás?

Es una aberración. La palabra zen tiene cierto glamour y, por ello, se está utilizando de una manera inapropiada y utilitarista. Hombre, el Zen te dice que, hagas lo que hagas, lo hagas bien, así que no sólo se puede aplicar a la dirección de empresas, sino también a ir al retrete o a cualquier otra cosa. Pero crear una técnica para aumentar la productividad, es decir, para explotar mejor a la gente, no tiene nada que ver con el Zen.

Desde el punto de vista del Zen, ¿qué es el amor?

En el budismo está el amor humano, que es casi sinónimo de apego, y el amor superior, que se divide en cuatro estados: el amor incondicional, la compasión, la alegría por el bien de los demás y la ecuanimidad. Desde el prisma de la tradición budista, el deseo-pasión es algo que no debe ser negado ni reprimido, pero sí transformado en los cuatro estados superiores.

¿Qué papel juega el deseo sexual en el mundo zen?

Pues tiene una importancia capital, porque si no fuera por el deseo sexual no habríamos nacido…(risas)…y no podríamos practicar zazen. Pero en el budismo, el deseo sexual es una manifestación particular del deseo en general. Se identifica, aunque no al 100%, con la libido de Freud: es algo que se puede manifestar no sólo en el contacto genital, sino también en la apreciación de la belleza, de la naturaleza, en el trabajo, en el arte… El deseo es la fuerza primordial de la vida, pero cuando campa a sus anchas sin ningún tipo de inteligencia, de conciencia o de orden, puede generar muchísimo sufrimiento.

Sí, estamos viendo todos los días casos de celos, violencia, asesinatos… ¿Por qué sucede esto con la relación de pareja y no con las relaciones familiares o de amistad, por poner dos ejemplos?

Porque el amor romántico está basado en lo que hemos llamado deseo-pasión. Y una relación que esté basada solamente en este tipo de deseo lleva ya implícita la semilla de su destrucción. Porque la atracción sexual, según los científicos, dura entre 12 y 18 meses. Y, si faltan el amor incondicional, la compasión y la alegría por el bien del otro, se produce la ruptura y se busca otra pareja para repetir el ciclo. Se trata de un sentimiento muy egoísta, basado en la propia satisfacción. No sólo en la satisfacción sexual, sino en la satisfacción emocional: si uno no se soporta a sí mismo, busca a alguien que le diga que lo ama y ese amor le permite sentirse un poco mejor consigo mismo. Pero, ¿qué sucede si el otro en un momento dado deja de amarte, como es su derecho? Porque nadie tiene la obligación de amar a alguien eternamente. Pues cuando sucede esto, uno se enfada y se frustra muchísimo.

¿Si eres monje zen tienes una mejor relación con tu pareja o te enfrentas a las mismas tribulaciones que en el resto de los mortales?

La etiqueta de “monje zen” no asegura absolutamente nada, pero se supone que un monje zen tiene presente su práctica, que ya opera como un enorme transmutador del deseo y de la energía sexual y, por ello, sus relaciones deberían estar más enfocadas según el Dharma del Buda… pero eso es mucho suponer. (Risas). Quiero decir, que hay monjes zen que son verdaderos obsesos sexuales.

De hecho, a veces con la práctica de la meditación zen se experimenta un subidón de energía sexual. ¿Por qué ocurre esto?

En general, la meditación zen, cuando se practica regularmente, produce un desbloqueo en el cuerpo de los centros energéticos y eso hace que la energía fluya más y el deseo libre también puede estar más vivo, pero al mismo tiempo la práctica de la meditación zen supone un entrenamiento de autocontrol: controlas el sistema nervioso, las reacciones compulsivas, etc. Pero puede suceder también, sobre todo en los primeros años de práctica y especialmente en los retiros intensivos, que entremos en contacto con nuestra angustia existencial, y cuando esto ocurre una de las primeras reacciones es buscar de forma compulsiva sexo, o comida, o cualquier otro estímulo que te lleve a amortiguar la angustia. Lo mismo sucede en épocas de tensión social fuerte.

Precisamente, vivimos en una época en la que el sexo está por todas partes.

Sí, la sociedad actual está hipersexualizada, se le da una importancia tremenda al placer sexual, pero eso es un síntoma también del vacío existencial: como no hay nada que dé una satisfacción profunda, como la gente en general está muy enajenada y alienada, pues busca comida y sexo. Además, la sexualización de todo tiene un componente estimulador de la producción y del consumo. Es una forma de explotación. Como a los pollos en la granja se les pone la luz eléctrica para que den más huevos, a nosotros se nos bombardea continuamente con imágenes eróticas de hombres o mujeres que excitan el deseo sexual, aunque estén anunciando sopa de fideos o un reloj o unos zapatos; el deseo que genera el cuerpo desnudo es focalizado hacia el objeto que se publicita. Esta es una técnica de publicidad que se está utilizando de una forma desaforada y muy irresponsable. Es como quemar las galeras.

¿Existen técnicas zen para liberarse del apego sexual?

El apego, sea a lo que sea, es siempre causa de dolor y sufrimiento. En la vía budista es fundamental ir transformando esos apegos. Pero, claro, estamos acostumbrados a identificar felicidad con poseer lo que deseamos y uno no sabe cómo sería eso de sentir felicidad sin poseer lo que uno desea. Y, sin embargo, en esa libertad es donde está el verdadero gozo. La cosa es: toma lo que la vida te da cuando te lo da y acepta que no está cuando ya no esté. Esa sería la libertad interior. El desapego no es desatención o falta de cuidado. Al contrario, cuando estás desapegado de tu pareja puedes comprenderla mejor por ella misma, no en función de tu deseo.

¿Y puede ser una solución al apego abrir la pareja? ¿O es complicado?

Es complicado, como se dice en el Facebook. (Risas). Es que hay una enorme confusión. La no-posesión es un estado interior, no tiene nada que ver con que tu pareja se vaya con otro o se vaya con cien mil. La fidelidad, o la lealtad, es un compromiso mutuamente aceptado de hacer un camino juntos. Eso se puede hacer sin posesividad y es ahí donde hay que trabajar. De lo contrario se vuelve algo muy frívolo. Lo cual no quiere decir que en un momento dado alguien no pueda tener una experiencia extraconyugal o incluso que puedan darse tríos… Yo no voy a moralizar, ni decir “esto sí” o “esto no”. Habría que ver cuál es el estado interno de las personas cuando hacen eso.

En los preceptos del bodhisattva zen se habla de “sexualidad errónea”. ¿Qué significa esto en una religión que se supone más allá del bien y del mal?

El concepto de “sexualidad errónea” depende de la época, de la cultura, del país e incluso del maestro que transmite los preceptos. Yo, por ejemplo, cuando transmito ese precepto lo formulo así : “no hagas mal uso de tu energía sexual”. Es decir, que uses la energía sexual de manera que sea fuente de felicidad para ti, para la o las personas implicadas y para el entorno inmediato. Eso da una gama más amplia, porque el precepto fundamental es no dañarte a ti mismo ni a los demás. Finalmente, uno está solo ante su conciencia. En el budismo los preceptos no son mandamientos inamovibles, sino una fuente de inspiración para cada uno.

¿Podemos decir que la práctica del zen es capaz de “curar” una parafilia? Por ejemplo, un sadomasoquista extremo que toma conciencia del sufrimiento y de alguna manera se endereza.

No tengo ni idea. Nunca me he encontrado con un caso así (risas). Dices “la práctica del zen”, pero ¿qué es eso? La práctica del zen depende del maestro que te la enseñe y de tus propias cualidades personales. No hay una “práctica del zen” que sea idéntica para todos. Objetivamente nos sentamos todos en la misma postura, pero lo que cada uno está viviendo por dentro es completamente distinto.

¿Y cómo se ve la homosexualidad desde el punto de vista zen? ¿Se considera algo natural o un desequilibrio?

En la enseñanza budista no hay ninguna norma que prohíba la homosexualidad como tal. De hecho, incluso en los monasterios japoneses de la Edad Media era práctica común. Yo pienso que la homosexualidad no tiene por qué ser un desequilibrio y que la meditación zen no tiene por qué cambiar la sexualidad de nadie. Aunque, claro, depende también de las causas de la homosexualidad. Pero, en general, en el mundo moderno la homosexualidad está completamente aceptada y existen maestros y maestras zen que son homosexuales y no lo ocultan.

¿Cómo se ve en el zen la cuestión de los géneros, las diferencias entre hombre y mujer?

Pese a que en la enseñanza zen no encuentras ningún elemento para diferenciar esta forma, las comunidades budistas orientales son muy patriarcales y machistas debido al condicionamiento social. Por ejemplo, hay textos indios en los que se dice “si en esta existencia has nacido mujer tienes que practicar una vida ética para que, gracias a tus méritos, puedas nacer como hombre en la próxima existencia y, de esta forma, aspirar a alcanzar la iluminación”. En Occidente esto no es así. Lo bueno del budismo es que es muy orgánico: no está basado en una dogmática absoluta que todo el mundo debe seguir, sino que se ha ramificado en muchas escuelas y además absorbe todos los avances de la ciencia, la psicología, la sociología…

Hablemos ahora de sexo tántrico. Con el semen, el varón pierde gran cantidad de energía. Hay expertos que aseguran que el hombre moderno no tiene orgasmos, sino eyaculaciones. Y en el sexo tántrico, por el contrario, hay orgasmo pero no eyaculación.

Esto es así y lo sé por experiencia, aunque no soy experto en sexo tántrico. Por ejemplo, nosotros en los retiros intensivos de práctica aconsejamos reducir o detener las relaciones sexuales o, al menos, las relaciones con eyaculación masculina. En mi vida personal trato de seguir ese principio siempre que puedo.

Pero es difícil, ¿no? Y se dice que puede ser hasta peligroso reprimir la eyaculación.

Si lo haces bien no tiene por qué ser peligroso. Pero, claro, el trabajo con la energía sexual debe ir parejo al trabajo con la energía emocional. Si una persona desequilibrada se corta una vía de escape a la tensión emocional como pueda ser la eyaculación, entonces es como meterle más fuego a una olla presión y terminará por estallar. Por eso, no se trata sólo de no emitir esa energía, sino de darle curso después a través de una práctica, de un sistema de vida, de una atención continuada. El problema es cuando simplemente se corta y no se le da otra salida. Eso queda bloqueado. Por ejemplo, la creación es una de las salidas de la energía sexual, no sólo a nivel plástico o artístico, sino la vida como creación. Para desarrollar proyectos vitales la energía sexual tiene que estar desatascada, no reprimida.

Hablando de arte: en buena medida, las obras contemporáneas son secreciones del ego. Si un artista liquida su ego a través de una práctica espiritual… ¿qué le queda?

Lo que queda es la pura creatividad sin creador. En el arte contemporáneo encontramos muchos creadores sin creatividad. Pero el verdadero arte es creatividad sin creador. Cuando los antiguos pintores zen observaban la naturaleza entraban en un estado de contemplación profundo: se olvidaban de sí mismos y se fundían con el objeto contemplado. Por supuesto, es necesaria la maestría técnica para plasmar eso en una obra, pero es muy importante también que la ejecución artística se haga desde un estado de “no yo”, más allá de la conciencia personal. Por eso el verdadero artista es un místico también, en el sentido de que entra en un estado expandido de conciencia, un trance, y desde ahí crea, no desde el yo. Y este es un estado de conciencia propiciado, por ejemplo, por la práctica del zen.

Y una obra así, creada más allá del ego, ¿sería más pura y transmitiría mejor la Verdad?

Claro, porque en este caso el artista es un canal, un puente entre los niveles superiores del ser humano y el nivel ordinario. Para eso es importante que esté despojado del yo, de la búsqueda de fama, de riqueza, de reconocimiento… Ya lo decía Picasso: “cada vez me interesa menos el resultado de la acción pictórica y más el instante creativo”.

Te vas a ARCO y todo es basura, el cine está moribundo, la música es más de lo mismo, ya no se crean obras genuinas u originales… Casi todos los críticos están de acuerdo en que en Occidente hay una crisis creativa tremenda, al margen de la económica. ¿De dónde viene?

Seguramente, las causas son múltiples y complejas. Pero, por indicar algunas, yo pienso que hay un exceso de antropocentrismo en la cultura occidental: es una cultura que ha construido una burbuja alrededor de la Humanidad separándola de la Naturaleza. Y cuando digo Naturaleza no me refiero a los árboles y los pájaros sino a la Realidad, a la Vida. Hemos creado una cultura endogámica, encerrada sobre sí misma, que está dando síntomas de agotamiento. Todo lo que no sea la apertura a los grandes misterios de la existencia -al misterio de la muerte, por ejemplo-, todo lo que sea vivir dentro del universo confortable -en el sentido de microclimas cerrados como los ambientes urbanos-, agota la creatividad porque corta al individuo de las fuentes mismas de la vida.

Tú has experimentado con enteógenos. ¿Qué crees que pueden aportar las drogas a la experiencia sexual?

Yo creo que no tiene nada que ver una cosa con otra, a menos que sean drogas afrodisíacas. Cuando he experimentado con enteógenos no ha sido para aumentar el placer sexual, sino para abrir más la conciencia y la comprensión de mi propia psique y de la realidad. De hecho, en las tradiciones en las que tiene lugar el uso ritual de los enteógenos, como la de los indios amazónicos, hay un periodo de abstinencia antes, durante y después del uso de los enteógenos, porque si no toda la energía va hacia la zona genital y se pierde gran parte del poder de la experiencia.

Eso de mezclar sexo y drogas fue una cosa más de los hippies, ¿no?

Hombre, es que los hippies lo mezclaron absolutamente todo. Y es lícito que una gente quiera explorar la sexualidad a través de ciertas sustancias afrodisíacas. ¿Por qué no? Pero siempre y cuando no genere adicción y fijación. Podemos usarlo todo, pero con discernimiento. Como decía Paracelso, “la diferencia entre un veneno y un medicamento es la dosis”. Y la regularidad. Un té puede ser una medicina, pero si te tomas 40 tés al día puedes acabar con el sistema nervioso destrozado. Con todo sucede lo mismo. El budismo, en general, es la vía del punto medio y evita los extremos, tanto el Sí absoluto como el No absoluto.

En varias ocasiones has utilizado enteógenos. ¿Cómo resultó la experiencia?

Los enteógenos no te dan nada que tú no tengas. Se les llama muchas veces “psiquedélicos”, que significa “reveladores de la mente”. Actúan como un líquido revelador que manifiesta lo que cada uno lleva dentro. Al que sufre una neurosis de órdago, se le manifestará una neurosis de órdago. El que tenga un entrenamiento mental de muchos años de meditación zen pues se verá acrecentado por el poder de la sustancia. Lo cual no quiere decir que yo defienda el uso de enteógenos para la meditación zen. La meditación zen en sí es ya una práctica poderosa que no necesita ser potenciada con nada más.

 

 

 

1 Comment Sexo, drogas y Zen

  1. Enrique

    Da gusto leer al Maestro… Qué difícil se hace a veces acordarse y poner en práctica las enseñanzas a lo largo del camino, cuando realmente necesitamos echar mano de ellas para, por ejemplo, pasar un mal trago, incorporarlo a nuestro aprendizaje. Gracias por compartir.

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