Planeta Tierra

Uno de los hechos más significativos del siglo pasado fue que los seres humanos hemos visto por primera vez en nuestra historia la imagen de nuestro planeta desde el exterior. Esa imagen está paulatinamente despertando la conciencia de que todos los habitantes de la Tierra somos pasajeros de la misma nave.

Sin embargo, mientras que la Tierra se desplaza silenciosamente a dos millones y medio de kilómetros al día alrededor del Sol, muchas madres estarán llorando la muerte de sus hijos muertos en guerras de ocupación o de defensa de pequeños territorios.

Somos pasajeros de la nave Tierra pero seguimos matándonos por un asiento.

Mientras tanto, al menos la aves migradoras no necesitan pasaporte para atravesar los espacios aéreos que los terráqueos llamamos “nacionales”. Seguirán su vuelo mientras puedan, siempre y cuando no se les ocurra bajar para abrevar en Doñana o en tantos otros espacios naturales infectados por la ambición de los que quieren viajar en asientos de primera.

Tal vez algún día, esta paciente madre Tierra se enfade y se sacuda de encima  a estos pretenciosos bichejos humanos. O tal vez algún día los bichejos humanos comprendamos que aquí hay sitio para todos y que ninguno va a llegar antes al Sol por situarse en los primeros asientos. Tal vez este planeta azul seguirá girando y girando, día tras día, año tras año, hasta que un día nos cansemos ya de matarnos, de matar la vida a nuestro alrededor, y podamos por fin darnos cuenta de que somos viajeros del espacio y que vamos todos juntos en la misma nave.

Muchas generaciones han sobrevivido antes que nosotros para legarnos todo lo que ahora somos y poseemos. Esta Tierra ha alimentado a todos nuestros antepasados y ha permitido el despertar de la vida consciente. Ahora, nuestra responsabilidad es también la de sobrevivir y legar a las futuras generaciones un planeta habitable y una vida digna de ser humano.

Deja un comentario