Nada que obtener

Me ha impresionado esta motion graphics de mi amigo y colaborador Gustavo Vilchez, un creativo de gran inspiración al que admiro y estimo enormemente.

Mushotoku es una expresión zen (無所得) que podría traducirse literalmente como ‘no provecho’, ‘no obtención’, o ‘nada que obtener’, lo que viene a significar ‘hacer algo sin esperar ningún beneficio personal’.

Esta expresión procede el Sutra de la Gran Sabiduría[1], conocido popularmente como el Sutra del Corazón, un texto central en el budismo Mahayana y particularmente en el Zen. Cada mañana, los monjes zen recitamos este sutra después de la meditación del alba:

“La materia, la percepción, el pensamiento, la volición y la memoria son igualmente vacuidad. Oh Sariputra, todas las existencias son vacuidad. En la vacuidad no hay nacimiento ni muerte. Ni pureza ni impureza. Ni crecimiento ni disminución. Ni cinco agregados. Ni órganos sensoriales, ni objetos sensoriales, ni conciencias sensoriales, ni conciencia de la conciencia. Ni ignorancia ni extinción de la ignorancia. Ni vejez ni muerte ni extinción de la vejez y de la muerte. Ni sufrimiento, ni causa del sufrimiento, ni liberación del sufrimiento, ni vía que conduzca a la liberación del sufrimiento. Ni sabiduría ni obtención.

Sólo hay mushotoku: nada que obtener”.

Esta expresión “sólo hay mushotoku: nada que obtener” es el corazón mismo del Sutra del Corazón.

Y sin embargo …

Nuestra vida cotidiana es un esfuerzo denodado por obtener esto o lo otro o por conservar lo que ha hemos obtenido.

Al observar por primera vez la imagen de mí mismo que Gustavo ha creado en esta motion graphic y verla disolverse en mushotoku me ha producido una profunda impresión y me ha dado una lección maestra. Me ha puesto frente a frente a la inevitabilidad de mi propia disolución, frente a mi desaparición como individuo humano.

Aunque crea que tengo un yo, un cuerpo, un hijo, una casa, una compañera, una sangha, un monasterio, discípulos y seguidores… aunque crea haber obtenido fama y reconocimiento… aunque cierre los puños y agarre dos puñados de arena… lo único real es mushotoku, nada que obtener.

Al igual que esa imagen de mí sentado en zazen se disuelve en el fondo negro de la ilustración, mi cuerpo individual, mis órganos sensoriales, las sensaciones que percibo, las conciencias sensoriales que experimento, mi forma física, mis recuerdos, mis cualidades y defectos, mis errores y mis aciertos, el dolor que he experimentado, el que he infringido consciente o inconscientemente, mis sentimientos de amor, de rechazo, de empatía y de antipatía, mi memoria y el recuerdo de mi existencia en el corazón de los demás … todo lo que he sido, soy y seré hasta el momento de mi muerte … desaparecerá en la vacuidad, como una minúscula nube desaparece en el cielo azul.

Como yo mismo he salmodiado tantas veces cuando oficio funerales poniéndome en la piel del difunto mientras le acompaño en el camino de la disolución:

No tengo ojos: para mí ya no hay colores ni formas.

No tengo oídos: para mí ya no hay sonidos.

No tengo nariz: para mí ya no hay olores.

No tengo lengua: para mí no hay ya sabores.

No tengo cuerpo: para mí no hay ya sensaciones.

En mi mente ¿qué queda?

¿Sigue ahí la fuerza del deseo, de la avidez, de la ambición,

del orgullo, del odio, de la ignorancia?

He conocido el nacimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte.

Todo lo que apareció en algún momento ha desaparecido rápidamente.

Creación y destrucción, vida y muerte

se han sucedido vertiginosamente.

Ahora el cuerpo se está descomponiendo.

La mente se está extinguiendo como la llama de una vela.

El agua vuelve al agua.

El fuego vuelve al fuego.

El aire vuelve al aire.

La tierra vuelve a la tierra.

¿Dónde están mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi nariz, mi cuerpo, mi mente?

¿Dónde los colores, las formas, los sabores, los olores, los sonidos, las sensaciones, los pensamientos?

¿Dónde el amor y el odio, el placer y el dolor, el triunfo y el fracaso?

Nada queda, nada queda ya.

Vana es la existencia.

Todos mis logros son mushotoku: algo que no poseo, algo que no he obtenido ni podré obtener nunca. Son fukatoku (不可得), algo ‘imposible de obtener’, como afirma otra expresión zen.

No se trata de que no debamos buscar el provecho personal. Mushotoku no es un imperativo ético, no es un precepto ni una admonición. Es la constatación de la realidad. La realidad es fukatoku: inaprensible.  Aunque creamos haber obtenido algo, eso que hemos obtenido es solo una ilusión, un sueño del que tarde o temprano despertaremos. Usualmente tarde ya, en el umbral de la muerte.

Esta realidad puede producirnos congoja y aflicción, pérdida de sentido y desmotivación. Pero también, si tomamos clara conciencia de que ‘así es como es’, y lo aceptamos desde el fondo de nuestro corazón, podemos liberar nuestro espíritu de todas las redes y los obstáculos, de las causas mismas de los obstáculos. Podemos vivir cada día sin miedo ni temor, sin causas del miedo y del temor. Podemos liberarnos de todas las perturbaciones, de las ilusiones y de los apegos y experimentar en vida la etapa última de nuestra peregrinación: la paz interior. Este es el camino que han seguido todos los Budas. Todos han experimentado la gran liberación gracias a la visión de esta gran sabiduría y lo que han proclamado es:

Yia-te yia-te. Ha ra yia-te. Hara so yia-te. Boyi so-wa-ka (jap.)

Gate gate paragate parasamgate bodhi svaha. (sans.)

 “Vamos, vamos, vamos juntos. Vamos juntos más allá del más allá, hasta la consumación última”.

‘Juntos’ quiere decir que somos inseparables de los demás, de los que viven ahora, de los que vivieron en el pasado y de los que vivirán en el futuro.

Inseparables de la tierra, de los ríos, de las montañas, de las estrellas y de las galaxias, de los que amamos y de los que rechazamos, de los que nos han amado y de los que nos han odiado.

‘Vamos’ quiere decir que ya estamos ahí, que ya somos eso, aunque aún no nos demos cuenta.

“Más allá del más allá” no se refiere a una supuesta vida post mortem o ultraterrena. Se refiere más allá de nuestra ignorancia presente, más allá de nuestras distorsiones cognitivas y emocionales, de nuestras alucinaciones cotidianas.

‘La consumación última’ no es otra cosa que nuestro verdadero origen, nuestra naturaleza real, el estado de paz y gozo en el que el ser se complace en lo que es.

A veces la existencia cotidiana es difícil de vivir. A veces nos alegramos por lo que creemos haber conseguido y otras veces nos afligimos por lo que creemos que hemos perdido. Pero en la realidad, como afirma la termodinámica, no hay crecimiento ni disminución, ni pérdida ni ganancia. Solo hay mushotoku: un vacío radiante que lo impregna todo e imposible de asir. Un vacío luminoso que podemos experimentar con cada célula del cuerpo, con la mente y también con la no mente.

Mil gracias te doy, Gustavo, por haberme dado la oportunidad de ver de nuevo lo que a veces, en la refriega de la vida cotidiana, olvido. Gracias por plasmar en una motion graphic la enseñanza de los Budas y Ancestros y ponerme frente a mi propia desaparición.

Dokushô Villalba

13 de junio 2017

[1] Maha Prajña Paramita Hridaya Sutra, en sánscrito.

Maka Hannya Haramita Shingyo, en japonés.

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