Mindfulness neoliberal

Por Oshan Jarow

Avanzando más allá del individualismo neoliberal hacia una cultura digitalizada de interdependencia y liberación democrática de formas de vida anticuadas.

Cuando me despierto cada mañana me enfrento a decisiones que superficialmente podrían parecer insignificantes, pero su superficialidad aparente es solo la punta del iceberg que se encuentra debajo. ¿Me levanto de la cama y me siento en mi cojín de meditación, o simplemente me sirvo el café y me pongo a trabajar en cualquier ensayo que esté abierto en mi ordenador? Solo tengo unas pocas horas antes del trabajo, el que me permite pagar el alquiler y comprar comestibles, cuyo inicio se convierte en un parto que preferiría no hacer.

Al acecho debajo de mi decisión de la mañana hay una pregunta: ¿qué es lo que realmente puede cambiar mi vida?

Esta pregunta subyacente, más que un anhelo, vincula mi indecisión aturdida a un conflicto cultural entre el individualismo del capitalismo neoliberal y la interdependencia de la ética contemplativa que puede llegar a definir estos comienzos del siglo XXI.

¿La meditación diligente, sin tener en cuenta las circunstancias culturales, es suficiente para transformar una vida que se siente atrapada en una monotonía sin sentido, bañándola en los esplendores y en la talidad del momento presente? ¿Mis ansiedades, mis insatisfacciones con la vida tal como la conozco, son simplemente el resultado de mi incapacidad para prestar atención, para atender realmente y comulgar con el presente?

O, ¿puede ser que mis anhelos insatisfechos, mis ansiedades y neurosis, sean provocados directamente por mi incierto acceso a los medios de supervivencia y a la participación básica en la sociedad actual? ¿Qué tipo de variedad de experiencia desconocida podría permitir el acceso estable a la atención médica, la vivienda, la comida y el tiempo libre?

Desde este punto de vista, dada la sociedad moderna tal vez sea más prudente, una esperanza más pragmática, que invierta cada minuto libre que tengo en la búsqueda de la liberación. Ciertamente  no creo que lo consiguiera sentándome durante 30 minutos por la mañana y respirar sin más. En esta sociedad, «hacer algo» es encontrar la manera de recibir el pago suficiente por hacer las cosas que haría incluso si no me pagaran. Esto prescindiría de la necesidad de un trabajo poco interesante que se come la mayor parte de mis horas de vigilia. Tal es la fantasía capitalista de la liberación.

Cuando digo que quiero cambiar mi vida, quiero redescubrir y alimentar un sentimiento de emoción por el hecho inescrutable de que estoy vivo, que todos estamos aquí, las infinitas variaciones de las formas en que podemos vivir con curiosidad y aprendiendo de las especies asustadas por nuestra propia presencia. Pero no puedo deshacerme de la convicción de que esto requiere más que meditación. Nuestra escolarización moderna sin brillo, nuestras vidas dedicadas a trabajos sin interés, las concentraciones de riqueza y capital que fluyen siempre hacia arriba, no cambiarán a menos que se haga algo. Sin un cambio estructural, ¿podemos esperar razonablemente que la experiencia del ser humano cambie?

Meditación neoliberal

En su nuevo libro McMindfulness: Cómo el mindfulness se ha convertido en la nueva espiritualidad capitalista, (McMindfulness: How Mindfulness Become the New Capitalist Spirituality), Ronald Purser critica la idea de que la ética contemplativa y el capitalismo neoliberal puedan coexistir. La globalización digitalizada está reduciendo el tamaño del mundo, y ya no hay espacio suficiente para que el capitalismo neoliberal y la meditación se esquiven entre sí. Cualquier práctica de meditación que no busque revolucionar y reconstituir nuestras instituciones culturales neoliberales no es, francamente, una meditación completa.

 Para Purser, McMindfulness es la regurgitación neoliberal de la meditación. Ofrecido en todas partes, desde el ejército hasta los equipos empresariales, lo que comenzó como un método, una herramienta para ayudar a los pacientes hospitalarios a lidiar con el dolor y la ansiedad, se ha inflado hasta convertirse en una marca propia, una especie de representación completa del dharma, las enseñanzas de Buda.

Esta reducción de la meditación [budista] en mindfulness ha dado como resultado un pariente aséptico de lo que el Buda enseñó, mal equipado para actualizar lo que Manu Bazzano llama «la gran magnificencia del Dharma».

Pero ese no es el punto.

En muchos círculos contemplativos serios, esta crítica es algo ya conocido desde hace mucho tiempo. El libro de Purser es un intento apasionado de cerrar la brecha entre el discurso general y la pregunta que muchos adeptos se hacen ahora: ¿qué es lo próximo y cómo podemos llegar a ello?

¿Podemos imaginar un marco cultural adecuado tanto para la magnificencia del Dharma como para las realidades de 7,4 mil millones de humanos hambrientos que habitan en la misma roca flotante, con acceso democrático y equitativo a las innovaciones del paisaje digitalizado del siglo XXI? ¿Qué podría surgir de las exacerbadas tensiones entre la enseñanza del individualismo neoliberal y la enseñanza de la interdependencia de la meditación? ¿Es posible alinear la práctica de la meditación con las instituciones económicas?

Estas son las preguntas que se plantea el proyecto de cultivar la conciencia. Son difíciles, pero tal vez peor, son políticas. Son cuestiones de política tanto como preguntas de práctica.

La idea central que se encuentra detrás de la crítica de Purser, y mi propia sospecha de que cambiar mi vida requerirá más que la meditación, es que la mente no es fundamentalmente «anterior» a sus circunstancias exteriores. Más bien, la distinción entre interior y exterior es porosa y engañosa. La conciencia, sospecho, está constituida fundamentalmente por la dinámica cultural que la rodea.

Si reducir el sufrimiento innecesario de todos los seres sintientes y el cultivo de la sabiduría, la compasión y el coraje son consideradas como la misión de los meditadores, entonces ya no es adecuado que los meditadores ignoren el contexto sociocultural que define la vida moderna.

La era digital está marcando el comienzo de un nuevo grado de interdependencia, donde la cultura moderna es un fenómeno global envolvente, como una tormenta de polvo que se come al mundo. El ignorar estas condiciones es una irresponsabilidad. El trabajo ahora debe tener lugar dentro del pandemónium.

¿Qué está mal con el neoliberalismo?

Enfrentar la meditación y el neoliberalismo entre sí supone que el neoliberalismo no puede ser la ideología que defina una cultura que intenta desmontar el sufrimiento y democratizar la sabiduría, la compasión y el coraje.

Ir más allá del neoliberalismo supone un rechazo consensuado del neoliberalismo, un consenso que todavía no estoy seguro de que exista. El neoliberalismo conserva mucho apoyo tanto en círculos conservadores  como progresistas. Fue fundado sobre las teorías de Friedrich Hayek y Ludwig Von Mises en los años 30, se ocultó durante los programas sociales de Franklin Delano Roosevelt y el gasto keynesiano, resurgió con las políticas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los años 80, y ahora está promulgada por iconos liberales como Bill Gates, Steven Pinker, Max Roser del maravilloso Our World in Data, e incluso, creo, por el venerado Tyler Cowen.

Pero, ¿qué es el neoliberalismo?

En resumen, el neoliberalismo es una ideología socioeconómica, un conjunto de políticas, actitudes y creencias, que se caracteriza por una fe inquebrantable en los mercados libres, la competencia y la desregulación de amplio espectro. El neoliberalismo cree que los mercados libres producen resultados más deseables en todas las facetas de la vida humana de lo que lo haría la planificación humana (algo que el neoliberalismo llama «intervención», lo cual indica su disgusto porque la mano humana intervenga en el «estado natural» de la economía).

Pero Marshall McLuhan, y Félix Guattari después de él, articularon una interconexión entre la conciencia individual y sus realidades socioeconómicas, tecnológicas y materiales más amplias que sugieren que el neoliberalismo es mucho más que un marco para la política. El neoliberalismo infunde un marco para la subjetividad, para el flujo y reflujo de la conciencia y para nuestra experiencia de la existencia.

Con 24 años de diferencia, McLuhan y Guattari sugieren la misma idea: La naturaleza y la composición de la experiencia interior: lo que se siente al existir, quiénes y qué nos consideramos ser, no están separados de los sistemas externos.

«Mi trabajo está diseñado con el fin pragmático de tratar de comprender nuestro entorno tecnológico y sus consecuencias psíquicas y sociales». (McLuhan, 1968)

“Sin modificaciones en el entorno social y material, no puede haber cambios en las mentalidades. Aquí, estamos en presencia de un círculo que me lleva a postular la necesidad de fundar una «ecosofía» que vincule la ecología ambiental con la ecología social y la ecología mental». (Guattari, 1992)

El punto de McLuhan y Guattari es que todas las instituciones socioeconómicas reformulan de manera similar estos aspectos más íntimos de nuestra psique. Pero una subordinación de la experiencia subjetiva a las métricas objetivas hace al neoliberalismo ciego a sus consecuencias psíquicas. [Para el neoliberalismo] La libertad es solo algo superficial.

Por ejemplo, una consecuencia psíquica del entorno económico neoliberal es la forma particularmente discordante de individualismo que enseña: en las sociedades organizadas por el mercado, se obtiene lo que merece. George Monbiot escribe en The Guardian:

“Interiorizamos y reproducimos sus credos. Los ricos se convencen a sí mismos de que adquirieron su riqueza a través del mérito, ignorando  ventajas tales como la educación, la herencia y la clase, que pueden haber ayudado a asegurarla. Los pobres se culpan a sí mismos de sus fracasos, incluso cuando pueden hacer muy poco para cambiar sus circunstancias».

Esto es lo que está detrás de un término que Purser usa con frecuencia para criticar el mindfulness neoliberal: la privatización. Refiriéndose tanto al mindfulness como al neoliberalismo, Purser se lamenta:

“En lugar de alentar la acción radical dice que las causas del sufrimiento están desproporcionadamente dentro de nosotros, no en los marcos políticos y económicos que dan forma a la manera en que vivimos… En lugar de liberar a los practicantes, los ayuda a adaptarse a las condiciones que causan sus problemas.”

La privatización consiste en desplazar de manera desproporcionada la responsabilidad de los estados mentales, en particular los negativos, como el estrés, la ansiedad y la desesperación, a los individuos. Esto separa nuestras ecologías mentales de las ecologías sociales y culturales más amplias que las contextualizan y las crean conjuntamente.

En el fondo, esta privatización impulsa un conflicto central entre la ética neoliberal y la contemplativa.

«Lo que meditación enseña es que solo podemos encontrar la libertad en la unión radical, en la que el concepto mismo de «yo» se deconstruye, para revelarnos a todos que somos una sola entidad que prosperará, o perecerá, como una sola».

El neoliberalismo, bien entendido, es una respuesta integral a la pregunta perenne de cómo debemos vivir. Establece que debemos vivir en una competencia perfecta y no regulada entre nosotros, un entorno a través del cual, según sus defensores, surgen naturalmente los mejores resultados posibles para todos los participantes.

Esta creencia es lo que impulsa al sociólogo francés Pierre Bourdieau a llamar al neoliberalismo: «Un programa para destruir las estructuras colectivas que puedan impedir la lógica pura del mercado».

El rechazo del neoliberalismo a las estructuras colectivas tiene sentido si recordamos su contexto histórico. Surgió en un momento en que sus padres intelectuales, y el país en general, estaban aterrorizados por el comunismo, decididos a alejarse lo más posible de él. Hoy en día, los mismos temores vagos persiguen el discurso público, simplemente cambiando «comunismo» por «socialismo».

El neoliberalismo y la meditación comparten el mismo objetivo: la libertad. Pero el neoliberalismo cree que encontraremos la libertad solo a través del individualismo radical, liberándonos de intervenciones gubernamentales ineficientes y persiguiendo libremente nuestros propios intereses personales.

La meditación enseña que encontraremos la libertad solo en una unión radical, en la que el concepto mismo de «yo» sea deconstruido para revelarnos a todos como una sola entidad que prosperará ,o perecerá, como una sola.

Fuente: https://musingmind.org/essays/neoliberal-meditation?fbclid=IwAR0du_dAwBGL-_yvzefAyEOkMDlG-iYOxatdyrhZWByxWEOxeBO7VPYyP04

Traducido por el equipo de traductores de la Escuela de Atención Plena, para el blog de la web www.eaplena.es

1 Comment Mindfulness neoliberal

  1. Rubén

    Una pieza muy interesante y con mucho donde hincar el diente.
    En mi caso, yo llegue al Zen desde un pensamiento político anarquista, y, desde mi punto de vista, esta es una evolución natural ya que gran parte de la teoría política que fundamenta el anarquismo está basada en la toma de responsabilidad tanto individual como colectiva, y el pensamiento de que en un ecosistema interconectado (en el más amplio sentido de esta definición) la felicidad y el derecho a una vida digna son el patrimonio de todos y cada uno de los componentes de ese ecosistema, y que, de hecho, esa felicidad y dignidad solo pueden ser reales cuando se manifiestan en todos y cada uno de sus componentes.

    Dicho esto, sería posible desarrollar este pensamiento en una bonita estructura teórico/conceptual que analizará y tratase de mejorar o convencer a otras bonitas estructuras teórico/conceptuales, pero yo creo que la mayoría sabemos, o intuimos, que eso no servirá para nada más que para crear la ilusión de que existe realmente un movimiento de buscar alternativas a nuestro predicamento actual. Pero eso no sería cierto. Porque no sería cierto? Por que la solución a esta situación no está en ninguna de esas bonitas estructuras, sino en un entendimiento profundo de la realidad del sujeto de interés, el ser humano y su lugar en este planeta.

    Así, en mi opinión, cualquier propuesta que no pase primero por un análisis honesto de lo que el ser humano es realmente, desde un punto de vista biológico, social y espiritual no puede más que generar confusión y conflicto ya que, como el neoliberalismo y otros – ismos que lo han precedido, estaría basado en ideas y conceptos que no hacen contacto con la realidad. Desde mi punto de vista, la única diferencia entre el neoliberalismo y otros – ismos es solamente la intención: mientras que otros -ismos (socialismo, comunismo, anarquismo e incluso fascismo) estaban basados en una intención, por muy equivocada que esta fuera, de mejorar al ser humano y la sociedad, la única intención del neoliberalismo es la subyugacion sin condiciónes de toda la humanidad y el planeta entero a manos de un grupo de psicópatas. Esta subyugacion completa incluye lo social, espiritual y biológico del ser humano y todas las demás formas de vida del planeta.

    En términos muy simples pero no por ello menos iluminadores, el ser humano es un animal social, cuya estructura natural de organización es la tribu y que viene, o, más correctamente, es, una parte intrínseca, de la naturaleza, la cual no sólo nos provee nuestras necesidades materiales, sino, además, los estímulos fundamentales para el correcto desarrollo tanto físico como psicológico y emocional.
    Así, cuando esté animal es encerrado en un zoológico, se le niega el acceso directo a los recursos necesarios para su existencia mediante un sistema surrealista que le obliga a mendigar lo que es suyo por derecho natural, se le somete desde tempranana edad a un proceso de lavado de cerebro y destrucción sistemática tanto de su estructura biología como psicológica y espiritual, mediante la hiper-estimulacion, un estado continuo de amenaza y estrés, la total banalizacion de su arte, cultura, religión y otras lindezas perpetradas por lo que llámanos «la vida moderna» y sus testaferros, no es de extrañar que ese animal se convierta en una bestia, o un fantasma hambriento o un demonio. Cuando se te arrebata, destruye y menosprecia sistemáticamente todo lo que te da sentido y te hace digno, el resultado no puede ser otro que autodestrucción, auto-desprecio y desesperanza. Lo mismo que hicieron con todos los pueblos originarios durante las conquistas.

    Por ello, en mi opinión, si no conseguimos encontrarnos, nos perderemos para siempre. Y es en este proceso de encontrarnos donde la meditación, la atención plena y otras tecnologías espirituales que la humanidad a utilizado desde hace miles de años, tienen un espacio fundamental. Después de todo, Buddha nos dio esas herramientas para curarnos del sufrimiento y la ignorancia, lo cual, me parece, están en la raíz de nuestro predicamento actual.

    Gasshō

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