Mindfulness Implicado

“Mindfulness Implicado: Explorando la intersección entre práctica meditativa, subjetividad contemporánea y cambio ecosocial” es el título de la tesis doctoral que Joseba Azkarraga Etxagibel ha leído el 2 de julio en la Universidad Ramon Llull de Barcelona, dentro del Programa de Doctorado en Psicología. La tesis ha sido dirigida por Josep Gallifa i Roca.

Joseba Azkárraga se formó como Monitor de Atención Plena en el MBTB (Mindfulness basado en la tradición budista), durante la primera promoción del 2015.

Este fragmento es la presentación de la tesis.

Uno se sienta y simplemente observa lo que sucede, aceptando lo que emerja. Por un momento deja de hacer proyectos y de proponerse metas. Deja de proyectarse al futuro, también de hurgar el pasado. Deja de lado esos dos rasgos de la condición humana que desvalorizan el presente: memoria y anticipación. ¿Cuál es la razón de que tal práctica haya penetrado las sociedades occidentales? ¿Qué encuentra el individuo occidental en la meditación de corte oriental?

Para el autor de este trabajo la práctica meditativa de procedencia oriental supuso un descubrimiento de gran impacto, probablemente a la altura del producido por otro gran dispositivo de introspección, análisis y (auto)conocimiento —en este caso concebido en las entrañas de la cultura occidental—, como es la psicología profunda (especialmente el psicoanálisis). Desde esa impronta biográfica, este trabajo se propone analizar la meditación y el significado de la irrupción tan exitosa del mindfulness en la sociedad y subjetividad contemporáneas.

Son muchos los pensadores, filósofos o psicólogos occidentales que se han interesado por la práctica meditativa. Mostraron interés eminentes figuras de la psicología y la psiquiatría occidental como Karl Jaspers, Jung, Erich Fromm y Karen Horney; y también grandes filósofos como Heidegger, Martín Baber, Simone Weil y Michel Foucault. Asimismo, hay infinidad de escritores, artistas o místicos occidentales que han revelado su fascinación por esta forma de sabiduría que está más allá del pensamiento, que no es especulación intelectual, sino que está más del lado del arte de la buena vida.

La meditación occidental suele tener que ver con pensar, discurrir sobre algo, y la típica imagen meditativa nos remite a una cabeza reclinada sobre una mano y con la mirada baja. Es decir, logos. O bien tiene que ver con ceremonias y ritos donde se invita a los creyentes a contemplar a la Deidad, llámese ésta Dios, Yahvé o Alá. La meditación de corte oriental-budista es distinta. Las técnicas meditativas orientales trabajan la atención, brillando por su ausencia el logos. La atención en primer lugar sobre lo más inmediato: la propia respiración. Pero también la atención sobre el conjunto corporal, así como sobre la actividad sensorial, emocional y cognitivo-intelectual. Por tanto, la observación se centra tanto en el cuerpo, como en las emociones y los contenidos mentales. Se trata de centrarse en el momento presente, atendiendo a lo que suceda en este preciso instante.

La cuestión reside en que la mente humana viaja constantemente hacia el pasado o hacia el futuro (la constante cháchara mental de la que el principiante toma una vívida conciencia). Se evade así́ continuamente del momento presente a través de la formulación de grandes empresas o enredada en pequeños avatares de la vida cotidiana. El estado meditativo es una invitación a desapegarse y desidentificarse de dichos pensamientos, a abandonarlos volviendo a prestar atención a lo que sucede aquí y ahora, desde la no  reactividad, de tal forma que estos pensamientos nacen, se desarrollan y mueren ante la falta de apego de la mente meditativa. El meditador se limita a testificar lo sucedido y desarrolla en su interior un observador ecuánime ante la constante actividad sensorial, emocional o mental, volviendo una y otra vez a centrar la atención en el momento presente. Es atender reflexiva y activamente lo que sucede en el momento actual. No solo es una invitación a desarrollar una (nueva) posición de observador solícito de sí mismo, sino que también es una invitación a observar cómo el sujeto se relaciona con aquello que emerge (viendo si existe avidez/apego, aversión/rechazo, o neutralidad).

Se trata, pues, de una cualidad de la mente, de la habilidad básica de los humanos de estar plenamente presentes, conscientes de dónde estamos, qué hacemos, qué experimentamos, cómo nos relacionamos. Esta habilidad básica puede ser cultivada a través de determinados métodos y, entre otras tradiciones de sabiduría, destaca la práctica meditativa desarrollada por la tradición budista. Aunque debiéramos reconocer que las prácticas meditativas preceden al budismo, que no necesariamente fueron religiosas en sus inicios, y que hay prácticas similares en otras tradiciones de sabiduría a lo largo y ancho del mundo.

La capacidad humana de vivir ausente del tiempo presente, gracias a la memoria y a la imaginación, ha constituido una enorme ventaja evolutiva, como bien ha señalado el psiquiatra y psicobiólogo Vicente Simón (2011). Gracias a la memoria podemos evitar aquello que nos hizo daño y buscar lo que produjo gratificación. Por su parte, gracias a la imaginación o la capacidad de producir fantasías, podemos planificar la vida, evitar el peligro, o saborear el éxito (la sensación adelantada de triunfo). Sin embargo, lo que ha constituido una notable ventaja evolutiva también tiene inconvenientes: la memoria es responsable de desórdenes como el trastorno de estrés post-traumático y de importantes cargas emocionales negativas; la imaginación produce un estado de deseo constante que genera sensación de carencia e insatisfacción, al tiempo que puede generar un estado de ansiedad y exceso de miedo. Por ello, la práctica meditativa ofrece quietud y calma.

Con todo, el mindfulness (Cebolla et al., 2014) —la adopción occidental y secular de la meditación de origen budista— es un estado en el que el practicante está atento a lo que sucede en el presente, con apertura y aceptación (no juicio). Así, el mindfulness involucra, por un lado, la autorregulación de la atención (atento a los acontecimientos corporales, emocionales o mentales) y, por otro, una orientación abierta hacia la experiencia inmediata. Algunos autores hablan del mindfulness como un proceso cognitivo complejo que puede ser llamado modo de ser, frente a nuestra vida diaria habitual anclada en el modo de hacer. Este último estaría orientado a la consecución de una meta (la mente está mayormente en el pasado o en el futuro), mientras que en el modo de ser no existe ninguna meta, el foco está en observar y permitir la experiencia de los fenómenos que constantemente emergen en nuestra vida rutinaria (sensaciones, contenidos emocionales o mentales), sin juzgarlos y sin ejercer ninguna presión para cambiarlos. ¿Cómo impacta todo ello en la subjetividad contemporánea?

Estructura de la tesis

En este trabajo de investigación pretendemos analizar cómo se relaciona la práctica meditativa con la subjetividad contemporánea. Lo haremos desde dos perspectivas que constituyen dos formas distintas de abordar la subjetividad humana. Una perspectiva psicosocial, fundamentada principalmente en la psicología sociohistórica de Norbert Elias. Y una segunda perspectiva psicodinámica, fuertemente informada por la psicología analítica de Jung y enriquecida por otros autores transpersonales, que también nos sirve de puente para introducirnos en el campo de la eco-psicología. Esas dos miradas, una psicosocial-eliasiana y otra psicodinámica-transpersonal, constituyen los dos nervios fundamentales que recorren la lectura que proponemos sobre la subjetividad humana, aunque el lector observará rápidamente que las dos perspectivas se deslizan en tiempos, formas y modulaciones distintas.

Abrimos el trabajo con una exposición generosa de las bases fundamentales de la psicología sociohistórica de Norbert Elias. ¿Por qué Elias, tratándose de un autor más bien desconocido en el campo de la psicología? Opinamos que es una de las grandes aportaciones al análisis de la subjetividad contemporánea. La aportación eliasiana puede ser leída como el intento de llevar a cabo una psicología bien informada por la sociología y la historia; o también como “una síntesis sumamente original entre sociología histórica y psicoanálisis” (Zabludovsky, 2007, p. 30). Su legado intelectual es un intento de comprender la relación entre, por un lado, los procesos sociales e históricos (sociogénesis), y por otro, la formación de las estructuras de personalidad y de la psicología individual (psicogénesis). Individuo y sociedad van de la mano.

En opinión de Elias, la evolución histórica que ha experimentado Europa desde la alta Edad Media hasta nuestros días puede ser entendida como un proceso en marcha hacia una creciente civilización social y personal. Lo cual quiere decir que, en paralelo a la constitución del Estado moderno (su monopolio de la violencia), al aumento de las interdependencias y de la complejidad social, las conductas y emociones individuales son crecientemente autocontroladas. Es decir, a nivel ‘macro’ se produce la pacificación y complejización de la sociedad, y a nivel ‘micro’ (psicológico) el aumento del autocontrol de los comportamientos, los afectos y los impulsos. Es pues una visión en la que los microprocesos biográficos están íntimamente ligados a los macroprocesos sociohistóricos.

La obra magna de Elias, El proceso de la civilización, es la que más interesa en esta investigación. Trata de los mencionados procesos de cambio social y de conformación histórica de las estructuras de la personalidad. Podríamos decir que Elias, en cierta forma, se ubica en el campo de estudio de los cambios psíquicos a lo largo de la historia. El proceso de civilización alude a un cambio esencial en el comportamiento y la sensibilidad humanas: de un comportamiento (más) regulado por coacciones externas a un comportamiento (más) regulado mediante autocoacciones, con el progresivo aumento en el umbral de la vergüenza y los escrúpulos. Es decir, las estructuras psíquicas no son productos históricamente invariables, sino entidades sujetas a transformaciones.

Por tanto, la visión de Elias apunta a que determinadas transformaciones sociales producen potentes efectos en la configuración psíquica de los individuos, dando lugar a la subjetividad moderna, cuya característica es un mayor grado de control y atención sobre la conducta propia y ajena. El individuo se libera así de la esclavitud de la emoción y la pulsión directas, aunque al precio de una mayor vergüenza, angustias, tensiones y miedos internos. Aumenta la distancia entre la espontaneidad animal de las criaturas humanas (la condición emocional de la primera infancia) y el nivel de (auto)regulación socialmente exigido a los adultos. Vinculando los procesos sociohistóricos con el comportamiento y las estructuras afectivas de los seres humanos, la aportación de Elias nos permite comprender nuestra subjetividad contemporánea —los cambios en la conciencia, en los comportamientos, en la estructura impulsiva y en los afectos y emociones de los humanos— en íntima relación a la sociedad en la que vivimos. Esta investigación se propone así rescatar para la disciplina psicológica la sustancial y significativa aportación de Norbert Elias, porque, si bien su aportación ha sido excelentemente recibida en otras ciencias sociales (especialmente en el campo de la sociología), la vertiente psicológica es tan notable como desconocida en al campo de la psicología, a pesar de que para algunos autores (Weiler, 2011, p. 15) podría considerarse que el mencionado proceso psicogenético es la columna vertebral de su teoría.

Más allá de Elias, dejaremos un espacio relativamente amplio para otro de los grandes pensadores de la subjetividad contemporánea, Michel Foucault. Por dos razones: por un lado, nos interesa el diálogo entre ambos por las notables similitudes entre las dos aportaciones, a pesar de partir de dos modos muy distintos de mirar la realidad; y por otro, porque la perspectiva foucaultiana ha sido ya utilizada para el análisis de distintas prácticas terapéuticas, meditativas y de auto-ayuda. La visión foucaultiana supone un enriquecimiento de la visión eliasiana, en la medida en que también aporta una teoría histórica y social de la subjetividad. Ambos autores, Elias y Foucault, nos ofrecen una interpretación sobre los modos de subjetivación, muy ligada a las relaciones de poder y a las formas de conocimiento (es mucho más evidente en la obra del autor francés el impulso de promover nuevas formas de subjetividad que se opongan al tipo de individualidad impuesta y labrada durante tantos siglos). Además, complementaremos ambas visiones con otras miradas del ámbito de análisis y reflexión psicosocial.

El segundo apartado teórico propone otro abordaje distinto de la subjetividad humana, de raíz junguiana-transpersonal. Su virtud es que nos lleva a pensar la subjetividad humana más allá de la constitución de un yo con potentes capacidades ejecutivas que permiten un funcionamiento óptimo en un mundo crecientemente interdependiente. Nos lleva a vislumbrar etapas posteriores en las que cabe pensar el desarrollo humano individual a través de términos como desarrollo postegoico, autotrascedencia, o estadios de vida transegoico. Ligado a ello, en el plano filogenético nos permite analizar la evolución de la conciencia a lo largo de la historia de la humanidad. Desde esta mirada, tanto el viaje biográfico (nivel ontogenético) como la evolución de la conciencia colectiva (nivel filogenético) apuntarían potencialmente hacia la materialización de una identidad caracterizada por el descentramiento del yo y la mitigación de la egocentricidad.

Es decir, y dicho de la manera más simple posible: con Elias —en diálogo con Foucault y con otros análisis psicosociales— pensamos la subjetividad humana como creciente autodominio del yo; con la visión posterior (junguiana-transpersonal), la pensamos como la creciente expansión del yo. Ambas perspectivas nos permitirán valorar el impacto del mindfulness en la subjetividad contemporánea.

Además, la segunda mirada teórica sobre la subjetividad nos permite poner en relación la subjetividad humana con la cuestión que cruza de lleno este trabajo: el desafío ecosocial. El paradigma junguiano-transpersonal, más allá de constituir una plataforma adecuada para comprender la práctica meditativa y sus efectos en la subjetividad, es también un puente hacia la eco-psicología: los estadios más elevados o avanzados (transpersonales) de la conciencia humana tendrían notables coincidencias con el self ecológico, entendido como la construcción de un sí-mismo en creciente conexión e identificación con los demás y con lo demás. Señalaba Naess, padre de la ecología profunda, que ese ensanchamiento del yo haría posible una acción y un modelo de conducta no dañinos, sin basarse para ello en imposiciones morales externas, sino porque dañar a otros seres vivos o al medio ambiente implicaría dañar una parte integral de nosotros mismos.

¿Por qué deslizar el análisis de la práctica meditativa hacia la cuestión ecosocial? Permítasenos responder con otra pregunta: ¿Existe en realidad alguna cuestión más importante en nuestro tiempo?

Para el análisis de la cuestión ecosocial como la cuestión central de nuestro tiempo hemos analizado la aportación de numerosos autores, pero debemos reconocer nuestra deuda con un autor en especial: el filósofo, poeta, traductor y activista Jorge Riechmann. Este trabajo de investigación bebe directamente de su intuición central de que la autocontención — como efecto de una gran transformación cultural y subjetiva— es la clave por excelencia para una salida digna ante los enormes desafíos contemporáneos.

A partir de ese extenso recorrido teórico, el apartado empírico cuenta con dos partes diferenciadas, a modo de dos dimensiones de la práctica meditativa. Por un lado, se analizan las enseñanzas zen de quien es probablemente la referencia más importante de la meditación budista zen en el Estado español, el maestro Dokushô. Sus enseñanzas han sido recogidas tanto en el marco de retiros zen como en el proceso formativo denominado MBTB (Mindfulness Basado en la Tradición Buddhista). Posteriormente, en un segundo bloque empírico se abordan las vivencias de los propios meditadores. Dicho análisis nos permite abordar los efectos de la práctica meditativa en la subjetividad en ambas direcciones: en dirección hacia una creciente autorregulación (visión psicosocial- eliasiana) y hacia una creciente sensibilidad ecosocial (visión eco-transpersonal).

A través de los resultados obtenidos en el trabajo empírico, se desarrolla el concepto de mindfulness implicado, que da título a esta tesis doctoral. Se define como un modelo de mindfulness en el que convergen tres códigos o lenguajes distintos pero fuertemente entrelazados, a modo de ingredientes constitutivos de dicho modelo (código psicológico, código trascendente y código político). A su vez, se esgrime que el modelo analizado se sostiene sobre el pilar de la suficiencia como fundamento último.

Esta investigación no aborda el mindfulness desde una perspectiva terapéutica o clínica, como suele ser más habitual en el campo de la psicología, sino desde una perspectiva psicosocial. Lo hacemos, además, desde una metodología cualitativa, lo cual es también menos habitual en la investigación del mindfulness. En cierta forma, en este trabajo nos hemos preguntado si, además de quietud y calma, la práctica meditativa ofrece también sabiduría. La sabiduría —en forma de ecosofía— que se requiere para transitar este siglo de desafíos sin precendentes.

Joseba Azkarraga Etxagibel

Ilustración de Luz Pérez González

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