Mercado de Valores

Una de las características de este neocapitalismo  financiero que estamos sufriendo es la puesta en el mercado de todo tipo de valores. Es decir, todo está en venta. Todo es susceptible de ser vendido y comprado. Todo está etiquetado. Todo tiene un precio. En la dictadura de la economía de mercado todo se compra y se vende, hasta el cariño verdadero. El criterio economicista rige la vida humana. Los valores humanos que han guiado la historia están igualmente en venta al mejor postor. Las agencias de publicidad y la industria del marketing tienen en sus nóminas de asalariados a los mejores cerebros especializados en psicología y en comportamiento humano. Su misión no es la de mejorar la raza humana sino la de escudriñar en nuestra alma con el fin de poner a puntos estrategias comerciales capaces de vendernos cualquier cosa.

El amor, la fidelidad, la amistad, el respeto y la gratitud hacia los ancianos, la protección de los niños han sido valores éticos que han guiado la historia de la Humanidad desde las cavernas. Hoy día, un valor sólo merece ese nombre si es capaz de cotizar en Bolsa y convertirse en montañas de dólares o de euros.

El agua clara, el aire puro, los alimentos simples y sanos, los campos de cultivo, las huertas fértiles, el fuego del hogar están en la base de nuestra vida y de nuestra felicidad, pero hoy día los ejecutivos del marketing son capaces de vendernos todo tipo de mierdas contaminadas a precio de oro haciéndonos creer además que si no consumimos el producto que ellos imponen no tenemos derecho a la felicidad ni a la ciudadanía.

¿Qué es lo realmente valioso? ¿Qué es lo que tiene un valor real? Los especuladores gastan enormes fortunas y medios con el fin de vendernos “valores” cuyo único valor consiste en que unos pocos se enriquecen a costa de engañar a la mayoría.

El valor de un tomate no está en la campaña de imagen que lo promociona sino en su sabor y en sus nutrientes.

Necesitamos volver a las cosas realmente auténticas. Tenemos que tener mucho cuidado con no dejarnos engañar ni por el mercado de valores ni por los valores del mercado.

Dokushô Villalba

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