La religión del Dios Mercado

Bienvenido a la plaza del mercado.

Quizá los hechos que caracterizan la situación global del planeta Tierra en este siglo XXI sean:

  • El derrumbe de los grandes sistemas ideológicos y, en particular, la pérdida creciente de influencia de las grandes tradiciones religiosas, incapaces ya de mostrar qué es la realidad y cuál es la función del ser humano en ella.
  • Una degradación ecológica sin precedentes en la historia  y en constante ascenso.
  • Una injusticia social sangrante que ensancha cada vez más la desigualdad entre pobres y ricos, tanto en el seno de una misma nación como entre las naciones de los dos hemisferios.
  • El aumento de la violencia en la vida cotidiana y la persistencia de la violencia, de las guerras y de los conflictos armados que nos sitúan periódicamente al borde de un conflicto armado a gran escala.
  • El llamado fenómeno de la globalización, que se manifiesta sobre todo en una red mundial por la que circula libremente la información, el capital y las mercancías (las personas aún no).
  • El crecimiento continuado de la población.

Aunque esto es así, lo que en realidad caracteriza el momento históricoque vivimos es la emergencia y la expansión de un nuevo sistemade valores y creencias, cuya función religiosa queda oculta tras el envoltoriosecular con el que se presenta. El auténtico fenómeno global, la única religiónverdaderamente mundial, que se ha extendido desde el norte hastael sur, del este al oeste,impregnando la práctica totalidad de las instituciones colectivas y las conciencias de los seres humanos, es la religión del Dios Mercado.

El mercado es el nuevo dios de los tiempos modernos.Laeconomía es su teología, y los economistas, sus teólogos. Los publicistasy medios de comunicación son sus mejores predicadores, y la mayor parte de los políticos, sus relaciones públicas. La producción-consumoconstituye su rito religioso central, y la acumulación de beneficios, en formade capital, objetos o riquezas, su paraíso en la tierra.

No importa a qué religión tradicional se pertenezca,no importa cómo se llame el dios al que se rece ni el templo en el que se haga.No importa a qué etniao cultura se pertenezca.No importa siquiera que se sea pobre o rico, que se viva en una gran metrópolis o en lo más profundode una selva remota. Lo queramos o no, nos demos cuenta o no, nuestras vi- das cotidianas tienen lugar en el senode un culto que rinde tributo al Dios Mercado. Vivimos según las interpretaciones que hacen los sumossacerdotes de la voluntad del Dios Mercado. Aunque nunca hayamos hechoprofesión de fe formal para ingresar en esta religión, nos han ingresado enella sin pedirnos nuestra opinión y, loque es más grave, sin que ni siquiera nos demos cuenta.

No ha habido en toda la historia de la humanidad unfenómeno de manipulación en masa tan grande,tan eficaz y taimadocomo éste, dado que la manipulación perfecta es aquellaque no aparece como tal, sino como el orden natural del mundo.

La religión del mercado es la religión moderna que proporciona el sistema de valores más atractivo para la mayor parte de lapoblación mundial. La mayor parte de la gente, aunque se confiese cristiano,musulmán, budista, ateo, hinduista, judío, etcétera, ha adoptado y asumidoestos valores como expresión de la Única Realidad Verdaderay como el Orden Natural del Mundo.

La religión del mercado es, como veremos, una religión totalitaria que está devastandono sólo las sociedades humanas, el medio ambiente y los grandes valores de lascivilizaciones a los que se ha llegado despuésde muchos siglos de evolución, sino que tambiénestá pulverizando los principiosy las prácticas espirituales que enseñan todas las demás religiones, las cuales, hoy por hoy, no han sido capaces de hacerfrente ni contrarrestar el poder de seducción y la influencia de este nuevo totalitarismo.

Aunque las guerras y los conflictos han existido desde siempre en la historia de la humanidad, ymuchos de ellos han sido y son de origen religioso, basta con estudiar la génesisy el desarrollo de la mayor parte de las guerras, de los conflictos armados, de la degradaciónecológica y del desmembramiento de las sociedades para darse cuentade que en la base de casi todos ellos se encuentra la religión del mercado.

Sería largo detenerse en las causas y en el proceso histórico mediante el cual ha aparecido esta nueva religión, y no es este el tema central de este libro. El hecho es que la religión del Dios Mercado está aquí, ahora, ampliamente extendida. Sus tentáculos se han infiltrado en el corazón mismo de nuestras instituciones, en nuestro sistema político, en nuestra familia, en nuestras relaciones y en nuestro sistema individual de valores, es decir, en nuestra percepción del mundo y de nuestra función en él.

Tenemos la responsabilidadindividual y el imperativo históricode tomar conciencia de la realidad en la que vivimos, de la crisisglobal que estamosatravesando. Necesitamosindagar en sus causas y poner en pie un nuevo sistemade va- lores que nos permitauna existencia realmente humana.

Tenemos que reconocer que, lo sepamos o no, hemos sido convertidosa una nueva religión. Esta religión, aunque sea de origen europeo y tenga susraíces en la ética protestante, se ha extendido mundialmente. Su nombrecompleto podría ser «religión individualista de laeconomía y del mercado», pero, abreviando, la llamaré «religión del mercado».

La religión del mercadoes una ideología totalitaria. Convence por la fuerza. Primero por lafuerza de la persuasión y del engaño(publicidad, medios de comunicación), después por la fuerza de la presióneconómica (si no lo haces como te digo, no podrás sobrevivir) y, por último, por la fuerza de los poderososejércitos y la industria armamentística, que trabajan para ella (en el caso de que alguiense obstine en no aceptarsus principios).

La religión delmercado está basada en un sacramento doble: la produccióny el consumo. Lo que espera de sus adeptoses que produzcan cuanto más mejor (aunque lo que produzcan no sea de ningunautilidad real para la vida) y que con- suman cuanto más mejor (aunque lo que consumanno sea de ninguna utilidad real). Aquellos que cumplan con este sacramento son considerados miembros depleno derecho y obtienen el visado al paraíso del beneficio ilimitado destinadoa los elegidos.

La persuasiónde los propagadores de la religión del mercado es tan sutil y eficazque no nos damos cuenta de que estamossiendo obligados a comulgar con sus ritos. Es más, ni siquiera nos damos cuentade que estamos siguiendo sus ritos y creemos que lo que hacemos es elresultado de nuestro libre albedrío. Si alguien intenta salirse del ritualimpuesto por el Dios Mercado se encontrará marginado, sin trabajo, sin dineropara pagar la comida o un techo,sin tarjeta de crédito, sin crédito…, proscrito…, como lo estánmillones de seres humanos en el planeta Tierra que aún no han sido iniciadosen este ritual moderno.

LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA RELIGIÓN DEL MERCADO

La religión del mercado se basa en leyes, explícitas o tácitas, cuya obediencia es impuesta a todos:

Primera ley: el máximo beneficio económico —capital, objetosmateriales, servicios, riquezamaterial— es el paraísoen la Tierra.

Segunda ley: la economía de mercado es el orden natural del mundo, la verdad objetiva, la palabra de Dios. La economía de mercado es presentada como la única realidad posible, la expresión de una voluntad sobrehumana emanada de una autoridad incuestionable. Es decir, la economía de mercado es una nueva forma de monoteísmo. Toda intervención humana es considerada contraproducente, inútil, una amenaza para el orden natural de las cosas y, por lo tanto, para el bienestar de la humanidad, ya que el Dios Mercado nunca se equivoca. Es omnisciente. Por lo tanto, la economía de mercado es siempre justa y correcta y sus dictados son mandamientos que están por encima de cualquier otra moral o valor.

Tercera ley: la vida humana es tiempo de trabajo, capacidad productiva. Eres según lo queproduces y según la cantidad que produces. El trabajo es valorado según laoferta y la demanda y es considerado como un coste en los inter- cambios económicos. No trabajas para vivir, vives para trabajar.

Cuarta ley: la naturaleza no es más que una reserva de re- cursosnecesarios para el procesode producción o una masa detierra con la que especular. La naturaleza no es más queun conjunto de objetos inertescuya única utilidades ser explotados hasta la extinción.

Quinta ley: el patrimonio social,cultural y espiritual es capital fungibleque puede ser comprado o vendido.

Sexta ley: el valor de las cosassólo está representado por el precio.

Séptima ley: el individuo, considerado sobre todo como productor-consumidor,es el objeto principal de la economía de mercado.El individuo tiene la libertad y el deber de con- sumir todo lo que produzca laeconomía de mercado.

Octava ley: debes tener fe en el Progreso, entendido como crecimiento económico (material)ilimitado. En el futuro se producirán más y mejores bienes materiales ypodrás con- sumir más y acumular más  beneficios.

Novena ley: el deseo de consumirmás y de acumular cada vez más bienes te permitiráalcanzar la máxima felicidad.

Décima ley: sólo vence el másfuerte. Para consumir hay que acumular.La competitividad es la regla de oro. Principios éticos tales como compasión,altruismo, solidaridad o generosidad deben ser consideradossupersticiones del pasado.

De “Zen en la plaza del mercado”

Dokushô Villalba,

Editorial Kairós, 2016

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3 Comments La religión del Dios Mercado

  1. Raúl Guzman

    Completo acuerdo. Hacia el dataismo y la Psicopolítica. Manipulados felices o los locos del futuro

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  2. Na

    No sé por qué pero en el texto me aparecen un montón de palabras juntas, es decir no separadas por el espacio, algo asícomo esto. Debe sercosa del CSS, pero hace difícil leertodo el artículo

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