La luna de anoche

Anoche me visitó la luna.

Vino sola y de madrugada.

Entró silenciosa por los grandes ventanales de mi alcoba

inundando el espacio con su pálida luz blanca.

Desde lo más profundo del sueño

sentí su presencia en mi cara y párpados.

Me llamó al encuentro.

Seguí la llamada.

El encuentro se produjo

y desperté del sueño.

Abrí los ojos y la vi de frente.

Un resplandor intenso me sacudió el tuétano

y me transportó al mundo

del ojo que nunca duerme.

Vigilia y sueño, la misma ensoñación.

Solo fue un breve segundo,

un segundo eterno

en el que la efímera eternidad de los instantes

que fueron presentes, pero ya son idos

lo abarcó todo.

Después, volví a sumirme en el sueño.

Esta mañana, al despertar,

he recordado el encuentro nocturno

y, al hacerlo,

el ojo que nunca duerme sigue despierto.

Un camino  se abre

entre el sueño de la vigilia y la vigilia del sueño.

Wako,

Enero, 2021

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