La falsa revolución del mindfulness

McMindfulness es la nueva espiritualidad capitalista.

Por Ronald Purser

Según sus partidarios, estamos en medio de una «revolución mindfulness». Jon Kabat-Zinn, recientemente denominado «el padre de la atención plena«, llega al punto de proclamar que estamos al borde de un renacimiento mundial, y que el mindfulness «puede ser la única esperanza que tienen las especies y el planeta para sobrevivir en los próximos doscientos años».

¿De verdad? ¿Una revolución? ¿Un renacimiento global? ¿Qué es lo que ha cambiado exactamente o se ha transformado radicalmente para obtener tan gran estatus?

La última vez que vi las noticias, Wall Street y las corporaciones seguían haciendo negocios como de costumbre, los intereses especiales y la corrupción política aún no estaban controlados, y las escuelas públicas aún sufrían de falta de fondos y de olvido. La concentración de la riqueza y la desigualdad se encuentra ahora en niveles récord. El encarcelamiento masivo y el hacinamiento en las prisiones se han convertido en una nueva plaga social, mientras que los disparos indiscriminados de la policía a los afroamericanos y la demonización de los pobres siguen siendo lugares comunes. El imperialismo militarista de Estados Unidos continúa extendiéndose, y los desastres inminentes del calentamiento global ya están asomando sus feas cabezas.

En este contexto, la arrogancia y la ingenuidad política de los defensores de la «revolución mindfulness» es impresionante. Parecen tan enamorados de ellos mismos, haciendo el bien y salvando el mundo, que estos verdaderos creyentes, no importa cuán sinceros sean, sufren de un enorme punto ciego. No parece que sean conscientes del hecho de que, con demasiada frecuencia, el mindfulness se ha reducido a una técnica de autoayuda mercantilizada e instrumentalizada, que refuerza, sin saberlo, los imperativos neoliberales.

Para Kabat-Zinn y sus seguidores,  los culpables de los problemas de una sociedad disfuncional son los individuos inconscientes (mindless) y maladaptados, y no los marcos políticos y económicos dentro de los cuales se ven obligados a actuar. Al trasladar la carga de la responsabilidad de gestionar su propio bienestar a las personas, y al privatizar y patologizar el estrés, el orden neoliberal ha sido una bendición para la industria del mindfulness, que mueve 1.100 millones de dólares.

Como respuesta a esto, el mindfulness ha surgido como una nueva religión del yo, no comprometida con la esfera pública. La revolución que proclama no ocurre en las calles ni a través de la lucha colectiva y las protestas políticas o manifestaciones no violentas, sino en las cabezas de los individuos atomizados. Un mensaje recurrente es que nuestra incapacidad para prestar atención al momento presente, el perdernos en las rumiaciones y vagabundeos mentales, son las causas subyacentes de nuestra angustia e insatisfacción.

Kabat-Zinn lleva esto un paso más allá. Afirma que «toda nuestra sociedad sufre a gran escala un desorden de atención». Aparentemente, el estrés y el sufrimiento social no son el resultado de desigualdades masivas, prácticas empresariales infames o corrupción política, sino de una crisis dentro de nuestras cabezas, lo que él llama una «enfermedad del pensamiento».

En otras palabras, el capitalismo en sí no es inherentemente problemático; más bien, el problema es el hecho de que los individuos no sean conscientes y resilientes en una economía precaria e incierta. Y no es sorprendente que los mercaderes del mindfulness tengan lo que necesitamos para estar contentos en un capitalismo mindful (consciente).

El mindfulness, la psicología positiva y la industria de la felicidad comparten un núcleo común: la despolitización del estrés. La ubicuidad de la retórica del estrés individualista, con su mensaje cultural subyacente de que el estrés es algo que viene dado, debería hacernos sospechar. Como señala Mark Fisher en su libro Realismo Capitalista, la privatización del estrés ha llevado a una «destrucción casi total del concepto de lo público».

El estrés, nos dicen los apologistas del mindfulness, es una influencia nociva que hace estragos en nuestras mentes y cuerpos, y depende de nosotros como individuos el «ser conscientes» de ello. Esta es una propuesta seductora que tiene efectos reales y poderosos.  Primero, se nos condiciona a aceptar el hecho de que existe una epidemia de estrés y que esto es simplemente un hecho inevitable de la era moderna. En segundo lugar, dado que el estrés es supuestamente omnipresente, es nuestra responsabilidad como sujetos estresados gestionarlo, controlarlo y adaptarnos de manera consciente y vigilante a los desafíos de una economía capitalista. El mindfulness tiene como objetivo esta vulnerabilidad y, al menos en la superficie, aparece como una técnica benigna para el autoempoderamiento.

Pero en su libro One Nation Under Stress: The Trouble with Stress as an Idea,[1] Dana Becker señala que el concepto de estrés oscurece y oculta “los problemas sociales al individualizarlos de la manera más desventajosa para aquellos que tienen menos que ganar con el status quo». De hecho, Becker ha acuñado el término estresismo para describir «la creencia actual de que las tensiones de la vida contemporánea son principalmente problemas de estilo de vida individuales que deben resolverse mediante el manejo del estrés, en oposición a la creencia de que estas tensiones están vinculadas a fuerzas sociales y que, para ser resueltas, necesitan principalmente medios sociales y políticos».

Al ingerir sin crítica las premisas culturales del estresismo, el movimiento mindfulness se ha promovido a sí mismo con entusiasmo como un remedio científico. Pero el enfoque sigue siendo directamente sobre el individuo del que se espera que cure la llamada «enfermedad del pensamiento» de la civilización moderna. Se nos dice que, si practicamos el mindfulness, podemos cambiar hábilmente de nuestro «modo de hacer» frenético a un «modo de ser» más armónico, aprendiendo a dejar ir y fluir con las situaciones estresantes.

El mindfulness es la nueva inmunización, una vacuna mental que supuestamente puede ayudarnos a prosperar en medio de las tensiones de la vida moderna. Depende de nosotros convertirnos en lo que Tim Newton ha denominado individuos “aptos para el estrés”. El mindfulness a menudo se comercializa como una forma de mejorar nuestro juego, una técnica útil para desarrollar aptitudes mentales que nos permitan ser trabajadores más productivos y agentes de afrontamiento más efectivos. No es una coincidencia que el eslogan de la app más famosa de meditación, Headspace, sea «hazte miembro de este gimnasio para la mente”.

La máxima de oro del movimiento mindfulness es «estar en el momento presente». Para los devotos del mindfulness, el cambio social y político depende de su fantasía según la cual las masas distraídas deberían seguir este consejo y vivir «con atención». Este momento presente, fetiche del movimiento mindfulness, es una práctica que cultiva la amnesia social, fomenta el olvido colectivo de la memoria histórica y, al mismo tiempo, excluye eficazmente la imaginación utópica.

Este momento presente aparece, al menos en la superficie, como un disolvente terapéutico para todos nuestros problemas, haciendo que nuestra situación actual sea más soportable. Pero esta tolerancia del status quo equivale a retirarse permanentemente al refugio anti bombas psíquicas del ahora, una manera de enterrar tu cabeza en la arena del mindfulness que actúa como un paliativo desinfectado para los sujetos neoliberales que han perdido la esperanza de alternativas al capitalismo.

El movimiento mindfulness opera en resonancia con lo que Eric Cazdynin en su libro, The Already Dead: The New Time of Politics, Culture and Illness, [2]caracteriza como «la nueva narración». Cazdynin explica que la nueva narración “extiende el presente hasta el futuro, enterrando en el proceso la fuerza terminal, haciendo que parezca que el presente nunca terminará.» Simplemente esté en el momento presente y todo estará bien. Al vivir con atención, podemos continuar nuestras vidas aplazando, evadiendo y reprimiendo cualquier crisis en curso.

La falsa revolución del mindfulness proporciona una manera de hacer frente a los problemas del capitalismo mediante el refugio en la fragilidad del momento presente. La nueva narración nos permite mantener conscientemente (mindfully) el status quo. Esto es un optimismo cruel que estimula el conformismo,  la pasividad política  y la resignación. El mindfulness se convierte así en una forma de administrar, naturalizar y soportar los sistemas tóxicos, en lugar de dirigir el cambio personal hacia un cuestionamiento crítico de las condiciones históricas, culturales y políticas que son responsables del sufrimiento social.

Todo esto no significa que el mindfulness deba ser desdeñado o que todo aquel que lo encuentre útil está engañado. Hay formas emergentes de conciencia cívica social que evitan esta trampa. Estos métodos se están liberando de un enfoque biomédico de la patología individual al integrar el activismo de la justicia social con la investigación contemplativa, cultivando el pensamiento crítico en lugar de una desconexión acrítica.

Los innovadores en este campo están reescribiendo los programas de formación en mindfulness  empleando pedagogías críticas y anti opresivas. Por ejemplo, Beth Berila ha desarrollado métodos de mindfulness que ayudan a los profesionales a descubrir cómo han interiorizado la opresión, así como formas de desmantelar y desaprender el privilegio. Mushim Patricia Ikeda, junto con los maestros del Centro de Meditación de East Bay, ha desarrollado numerosos programas que conectan las preocupaciones de la justicia social con las enseñanzas budistas sobre la interdependencia para fomentar la solidaridad y el activismo comprometido de manera consciente. Y la Red de Mindfulness y Cambio Social en el Reino Unido está experimentando con prácticas de mindfulness que abordan temas sociales, políticos y ambientales.

Cuando reconocemos que la desafección, la ansiedad y el estrés no son solo responsabilidad nuestra, sino que están conectados con causas estructurales, el mindfulness se convierte en el combustible que enciende la resistencia.

El nuevo libro de Ronald Purser, McMindfulness: How Mindfulness Became the New Capitalist Spirituality, [3] ha sido publicado por Repeater Books.

Fuente del artículo: https://www.opendemocracy.net/en/transformation/faux-revolution-mindfulness/fbclid=IwAR1hxMY8BTKJYyJy9ZC4ROAKQVeigSFOQQCkAxrAF6ijxmQ9L-fIw8p3YV0

Traducido por el equipo de traductores del blog de la EAP: www.eaplena.es


[1] Una nación bajo el estrés: los problemas de estrés como idea.

[2] Lo ya muerto: el nuevo tiempo de la política, la cultura y la enfermedad.

[3] McMindfulness: Cómo se ha convertido el mindfulness en la nueva espiritualidad capitalista.

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