¿Independencia o interdependencia? Una visión budista de la identidad

¿Cómo gestionar las relaciones interdependientes entre identidades diferentes?

TRES VISIONES BASICAS:

  • VISION MONISTA:

La visión monista hace referencia al gran mito unitario, al pensamiento único, a la unidad monolítica generalmente impuesta por la fuerza en la que la diferencia es negada y reducida a un igualitarismo plano y sin matices.

Desde este punto de vista el concepto monista de la INDEPENDENCIA es totalitario: yo soy yo,  tú eres yo, todo es yo, todo tiene que ser como yo diga. Es decir, la parte trata de imponerse al todo.

También el concepto monista de la INTERDEPENDENCIA puede revestir tintes absolutistas: no hay ni un tú ni un yo, sólo existe el nosotros, la relación, el todo. Es decir, el todo trata de imponerse a las partes, negando las características propias de cada una de ellas.

La visión monista es la propia de las grandes ideologías totalitarias ya sean nacionalistas, religiosas, políticas o económicas.

Es una visión básicamente conflictiva, ya que la visión monista es reduccionista por naturaleza por lo cual entra en competición con otras visiones monistas.

La visión monista es incapaz de gestionar la diferencia y sólo puede subsistir en base al poder y al sometimiento coactivo, ya sea de la parte que trata de imponerse al todo, o del todo que trata de imponerse a las partes. Paradójicamente, la visión monista es incapaz de generar una unidad armoniosa.

  • VISION DUALISTA:

La visión dualista hace referencia al gran mito del bien y del mal, a la brecha insalvable entre la materia y el espíritu, a la irreconciliabilidad de los opuestos, al culto a la diferencia. Maniqueísmo.

Puesto que la unidad no puede ser alcanzada, la visión dualista cava un profundo abismo entre las partes diferentes: Nosotros y ellos separados por un muro infranqueable.

El concepto dualista de la INDEPENDENCIA es separador: yo soy yo y tú eres tú y no hay lugar para el nosotros, para la relación mutua; o, si la hay, la relación no está basada en términos de libertad e igualdad, sino en la segregación.

Ejemplos encontramos en los Balcanes, en las Alemanias separadas por el muro de Berlín; en Palestina/Israel y en el muro de la vergüenza que están construyendo actualmente los israelíes; en la segregación racial o ideológica; en las limpiezas étnicas y en otros casos mucho más cercanos a nosotros.

El Otro es reconocido como diferente pero segregado del paraíso de la Independencia del Yo.

Esta actitud la encontramos en expresiones tales como: maquetos, charnegos, moros, turcos, negros, españolistas, etc.

El concepto dualista de la INTERDEPENDENCIA : yo soy yo, tú eres tú, y hay una relación dependiente entre ambos.

En esta visión, aunque las identidades quedan separadas y segregadas, es reconocida una relación de dependencia necesaria e interesada: eres un moro, eres distinto a mí, entre tú y yo hay un foso infranqueable, pero admito que trabajes en mis campos, porque necesito tu fuerza de trabajo. O al contrario, eres un infiel cristiano, eres distinto a mí, entre tú y yo hay un foso infranqueable, pero admito trabajar en tus campos porque necesito el salario.

La visión dualista genera una continua tensión entre los opuestos. Puede aportar un equilibrio transitorio pero siempre inestable, ya que la vida tiende hacia la totalidad.

  • VISION NO-DUALISTA: la visión no-dualista no es idéntica a la monista.

La visión monista trata de reducir el dos (la diferencia) al uno, generalmente por la fuerza.

La visión dualista, por su parte, se estanca en el dos (la diferencia) y es incapaz de crear una unidad armoniosa.

La visión no-dualista abraza la diferencia en una unidad no impuesta, sino reconocida y aceptada por todas las partes que se identifican a sí mismas como no-duales.

La visión no-dualista es la resolución del conflicto entre el Uno y el Dos en una nueva síntesis: el No-Dos.

En la visión no-dualista de la INDEPENDENCIA, yo soy yo, tú eres tú, y ambos somos nosotros, al mismo tiempo y de forma indisoluble. Este nosotros no es una imposición de mi yo sobre el otro, ni del otro sobre mi yo, sino el reconocimiento mutuo de que aunque yo soy yo y tú eres tú, ambos somos parte del nosotros.

Esta es la dimensión más real de la INDEPENDENCIA y la que aporta mayor estabilidad al nuevo holón, a la nueva totalidad.

Podríamos llamarla INDEPENDENCIA NO-EXCLUYENTE.

En la visión no-dualista de la INTERDEPENDENCIA, yo sólo puedo ser yo en la medida en la que tú puedas ser tú, porque mi yo es inseparable (no-dual) de tu tú y tu tú es inseparable (no-dual) de mi yo. Desde este punto de vista, no se trata sólo de que el yo necesite al otro, o que el otro necesite al yo. Se trata de que yo soy tú y tú eres yo, sin que yo deje de ser yo ni que tú dejes de ser tú.

Esta lógica es distinta de la monista y de la dualista, aunque las incluye a ambas, trascendiéndolas.

Esta es la visión propia de la tradición no dualista del Hinduismo Advaita y también del Budismo Zen.

Ahora bien, ¿cómo hacer para que esta visión impregne y transforme nuestras relaciones intra-personales, inter-personales, políticas y sociales?

La visión no-dualista no puede ser considerada como una mera ideología, como una doctrina o como un sistema de creencias. Y por lo tanto no puede ser impuesta mediante la fuerza, ni mediante la sugestión o la propaganda. Esta visión es el fruto de un proceso de maduración emocional, intelectual y espiritual que debe ser experimentado por cada individuo desde lo más profundo de su propia conciencia de ser.

Desde mi punto de vista, los poderes públicos, las instituciones sociales que tienen como objetivo la felicidad y la armonía entre individuos grupos sociales con diferentes sentidos de identidad deberían facilitar este proceso de maduración personal y colectiva a través de la educación y de dinámicas que permitan la integración y no la segregación o la dominación de un sentido de identidad sobre otros.

La práctica de la meditación zen, así como las distintas disciplinas surgidas de la psicología occidental que se ocupan de un desarrollo sano del principio de identidad, pueden aportar en este sentido una gran ayuda.

A través de la práctica de la meditación zen, por ejemplo, muchos individuos pueden llegar al fondo de su propia identidad, de su verdadera naturaleza como seres conscientes, y descubrir por sí mismos que, más allá de la aparente diferencia de identidades, todos formamos parte de la misma Realidad No-dual.

Parte de la conferencia que pronuncié en la Universidad de Deusto (Bilbao) el 13 de Noviembre del 2002

 

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