Fundido en negro

La tarde cae

¿dónde fue la luz

de mediodía?

La claridad deviene anaranjada,

¿por qué alquimia aparecen los fucsias?

Los azules profundo van ganando en el agua.

El sol ya no ciega.

Se abren los ojos a las maravillas de la luz.

Todo es una fiesta al final del día.

De pronto,

sin saber cómo ni de dónde,

las suaves oscuridades del anochecer

están por todas partes.

Han envuelto las palmeras desde los pies a las copas,

viven ya en las paredes de las casas

y en los cuerpos que se alejan.

Ahora la oscuridad ha borrado

el mar y el cielo

el horizonte y los pájaros.

Estoy solo en el jardín ausente.

No me levantaré a encender ninguna llama.

no abriré el ordenador ni miraré la tele,

no oiré más música que la del silencio,

no escribiré carta alguna,

no haré ninguna llamada,

no abriré ningún libro

ni haré nada que no sea

dejarme envolver por la negrura total

que me envuelve y me disuelve.

Las formas han desaparecido hace ya tiempo,

obra de la implacable noche que todo lo borra

Mis manos, mis brazos, mis piernas

son invisibles a mis ojos.

¿Cómo es el espacio resultante?

¿Cercano, lejano, ausente?

La oscuridad lo penetra todo.

Ninguna luz presente.

Salvo la que irradia la oscuridad misma.

Wakô

Otoño, 2017

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1 Comment Fundido en negro

  1. Luis Troyano Cobo

    Porque tenemos cuerpo, con los ojos vemos la luz y el mundo. En zazen aprendemos a morir al mundo y la luz que somos nos ilumina a nosotros mismos. Si no vemos luz exterior la mente para su trabajo, pues no ve el mundo, y entonces creamos una fusión con el TAO que todo lo vivifica, dentro de nuestra piel y fuera, todo.
    Entonces perdemos nuestro nombre y todos somos de nombre. TAO.
    Queda un fleco suelto, los recuerdos y las proyecciones de futuro. Todo lo que digo vale si estamos siempre en el AHORA.

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