¿Cuál es el sentido de la vida?

Esta mañana, un periodista me ha preguntado cuál es para mí el sentido de la vida. Esta ha sido mi respuesta.

¿Cuál es el sentido de la pregunta “cuál es el sentido de la vida?”

¿Qué significa “sentido de la vida”?

Sea cual sea la respuesta, será siempre una construcción mental humana. Toda construcción mental es creada por cada ser humano en base a sus condicionamientos sociales, culturales, políticos, religiosos, ideológicos, económicos, de clase social, de género, de especie, de época histórica, de lugar geográfico…

Es decir, toda construcción mental sobre el “sentido de la vida” es, por su propia naturaleza, condicionada ergo limitada, parcial, ficticia, ilusoria.

¿Hay un sentido de la vida común y universal para todos los seres vivos, o incluso para todos los seres humanos de todas las épocas? ¿Construye de la misma manera el “sentido de la vida” un esquimal, un neoyorkino del siglo XXI, una prostituta de Mumbai, un CEO de Google, o un monje budista Theravada que vive retirado en la selva? Creo que no. A no ser que sea el hecho mismo de vivir.

¿Qué sentido de la vida tiene una ameba, un crisantemo, un elefante del Serengueti? No lo sabemos porque ellos no construyen ninguna imagen mental sobre el “sentido de la vida” ni usan un lenguaje categórico para expresarlo.

La búsqueda y la necesidad de construir un “sentido de la vida” es exclusiva del ser humano en el intento de tener bajo control el misterio trans-racional de la vida y evitar así la angustia provocada por la incertidumbre.

Pero todo intento de control de la vida a través de la construcción mental de un sentido está condenado al fracaso puesto que, por su propia naturaleza, es un artificio, un constructo artificial que, tarde o temprano, se derrumba.

Personalmente siento que la vida sí tiene un sentido, pero me siento incapaz de pensarlo y de expresarlo con palabras. Para mí, el sentido de la vida no puede ser una imagen mental expresada en categorías lingüísticas -algo necesariamente condicionado y limitado-, sino una experiencia inefable que vivo en el día a día de mi vida cotidiana.

Intuyo que mis células, mi sistema nervioso, mi ADN saben cuál es el sentido de su dinamismo y de su vitalidad. Por eso, trato de calmar la verborrea de mi actividad mental y escuchar profunda e íntimamente lo que transmite la sabiduría que se manifiesta en la actividad de mi fisiología y de mi conciencia intuitiva. Este organismo vivo y consciente que soy, en interrelación con la totalidad de lo existente, “sabe” mucho más y más profundamente que mi mente categórica.

Por eso siento que no puedo clarificar el sentido de la vida con la mente categórica, sino con lo que en el Zen se denomina “no-mente”. La experiencia de la no-mente me permite transcender todo sentido de la vida construido por la mente. Me conduce al no-sentido (construido). Y de este no-sentido (construido) surge naturalmente una conexión profunda con el sentido que se haya inscrito en mi naturaleza original.

Lo maravilloso es que puedo expresar todo esto con la mente, sabiendo que la mente no puede expresarlo todo.

¿Cuál es el sentido de la vida? No tengo ni idea al respecto. Sin embargo, cuando me hallo frente a una flor, le digo en silencio:

“Sabes algo que yo no sé,

por eso te pregunto con la mirada

y tú respondes mostrando

tal cual eres

la belleza radiante de tu silencio”.

3 Comments ¿Cuál es el sentido de la vida?

  1. Juan Antonio Berlinches

    El maestro ha lanzado el anzuelo.
    La realidad misma carece de sentido porque no es un signo que apunté a otra cosa más allá de sí misma.
    Así la vida está desprovista de finalidad y la vida del universo es completa en cada momento y sin necesidad de justificarse a sí misma apuntando a algo que esté más allá.
    Así hay un punto en el cual el pensamiento como todo proceso debe detenerse.
    Gracias maestro.

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